No bastaron los llamados de automovilistas al 911, teléfono de emergencias policiales, para que la fuerza policial de Mendoza actuara y tratara de evitar lo que se transformó en una tragedia anunciada por la conducta de un camionero alcoholizado, dejando un saldo de 17 muertos y 14 heridos. Es muy triste comprobar que en nuestro país, el saldo de muertos a diario va en aumento.

En 2013, fueron 7.896, con un promedio de 22 fallecidos a diario y 658 al mes. En San Juan el saldo lamentable de muertos por accidentes viales fue el año pasado de 231. Pero también están los otros datos, a los cuales es más difícil seguirles el rastro desde los medios de comunicación: los heridos de gravedad, que muchas veces mueren a los pocos días del accidente y cuyo deceso no es registrado como víctima de la inseguridad vial; las personas que salvan su vida pero que quedan con alguna discapacidad permanente y hasta llegan a perder sus empleos, y los que experimentan los trastornos psíquicos propios de un choque traumático.

Además, otra preocupante tendencia reapareció en las calles y rutas argentinas: el aumento del consumo de alcohol como responsable de los accidentes de tránsito. Después de varios años de controles de alcoholemia, la incidencia de la bebida en las lesiones automovilísticas volvió al nivel elevado de 2003. Según el último relevamiento de la Sedronar, el consumo de alcohol estuvo presente en el 22,5% de los accidentes de tránsito. Organizaciones de la sociedad civil como Luchemos por la Vida advirtieron que hay menos multas para conductores en estado de ebriedad porque bajó la cantidad de controles en todo el país. A la escandalosa cantidad de accidentes de tránsito no se contrapone nada: ni campañas de seguridad viales continuadas, ni mejoramiento visible de las rutas, ni ningún acto, en fin, que demuestre a nuestra sociedad que la vida humana de hoy tiene algún valor. ¿Es tan difícil acostumbrarnos a respetar las señales de tránsito, a no consumir alcohol si se va a manejar, a colocarnos el cinturón de seguridad, a controlar el vehículo antes de salir a las rutas, a no sobrepasar la velocidad indicada? Cumplir con estas indicaciones y todas aquellas que han sido elaboradas para protegernos es un símbolo de algo mucho más profundo: de que nos importa la vida humana. Hasta que esa noción no se haya hecho carne, seguiremos debiéndonos el ser considerados una sociedad civilizada y madura.