El larguísimo año electoral nos ha metido a los argentinos en una disputa entre dos modelos, dos estilos, dos maneras distintas de llevar un país: un candidato propone mayor intervención del Estado y el otro mayor libertad de mercado. No hay una tercera opción, no hay forma de que los votantes divaguemos demasiado. Llevando todo al lenguaje futbolero, una de las grandes pasiones argentinas, lo de este domingo se parece mucho a esas finales históricas de Boca-River o River-Boca, que dividen al país entre quienes gustan del juego vistoso, el pase lujoso y el juego de equipo, de aquellos que prefieren el resultado a cualquier costo, la garra o la pierna fuerte. Hoy hay sólo dos opciones: Macri o Scioli, Scioli o Macri, no hay más. Algunos empujan la idea del voto en blanco, pero no es la mejor opción. ¿Por qué? Volviendo al mundo del fútbol, sería como pinchar la pelota o tirarla afuera, lo que no es una práctica de buen jugador.
El hecho de haber llegado por primera vez a un balotaje presidencial no es lo único que convierte en histórica a esta votación. Es el fin de un ciclo, es el último escalón para la salida de Cristina Fernández y el kirchnerismo de los lugares de poder. Hoy, gane quien gane, tanto la Presidenta como la gran mayoría de quienes la siguen, empiezan a hacer las valijas. Si gana Macri, per sé. Si gana Scioli, también. O al menos eso prometió en la campaña. Es el momento de saber si se van por la puerta grande o no. De ganar el gobernador de Buenos Aires, el kirchnerismo tiene que sentir que la gente los aplaude. Pero de perder, deben sentir que la gente los condena. No gana ni pierde sólo Scioli, eso está claro.
Por ahora la salida del poder ha dolido un poco: en pos de aquella promesa electoral de 2007 de Cristina Fernández de reforzar la institucionalidad en el país, hubiese sido más prolijo evitar algunas maniobras que rayan el mal gusto: los nombramientos entre gallos y medias noches que se hicieron en muchísimas reparticiones públicas nacionales en todo el país, es un claro ejemplo de ello. También pudieron evitar designar embajadores, o intentar cubrir vacantes en la Corte y otras maniobras similares que no le hacen bien a ella para terminar su mandato ni tampoco a su candidato en términos electorales. Condicionan a quien viene, cualquiera sea el resultado final de la votación.
Todas las encuestas indican que hay un claro ganador. La disputa entre esas empresas no es por quién ganará, es por cuál de ellas se acercará más a la diferencia que habrá entre uno y otro. Claro, si tomamos lo ocurrido el 25 de octubre, esas mismas empresas podrían guardarse los pronósticos, porque casi ninguna le pegó a lo que realmente pasó, ni siquiera en los boca de urna. Distintas consultoras han puesto el foco en que la pregunta sin respuesta está en los votos en blanco y en los indecisos. Asegura un informe publicado por el diario La Nación ayer, que esas personas representan entre el 4 y el 11 por ciento del total de votantes. El dato surge luego de haber hecho un relevamiento en cinco grandes consultoras. La franja es demasiado grande para dejarla al azar, ya que no hay que olvidar que el sistema permite que un voto puede definir la contienda electoral.
¿Qué país les espera? Si gana Macri, un Congreso adverso, si gana Scioli un PRO muy fortalecido. Para ambos será difícil maniobrar a futuro, porque el del Frente para la Victoria, que tiene el apoyo de los gobernadores peronistas, tendrá también que continuar negociando con muchos referentes del kirchnerismo más duro que se afincaron en la Cámara de Diputados de la Nación tras la elección del 25 de octubre. Si gana el representante del partido amarillo, ni qué pensarlo: deberá desarrollar la suficiente cintura para gobernar junto al peronismo, lo que ha sido casi imposible en la historia de este país. Para colmo, si Scioli no logra alzarse con la victoria, se vienen tiempos difíciles en el partido que fundó Juan Domingo Perón. Ya hay varios gavilanes que revolotean por hacerse cargo de ese espacio. Sergio Massa, José Manuel de la Sota, de un lado. Y Juan Manuel Urtubey acompañado de un amigo conocido de los sanjuaninos por el otro: José Luis Gioja. Días atrás el gobernador sanjuanino en una entrevista radial deslizó que le gustaría meterse en ese problemón. Después lo negó categóricamente a este diario, pero hay algo sobrevolando el ambiente que llama la atención. Gioja en esa nota pudo haber dicho que no de manera tajante o pudo patear la pelota hacia adelante con un "no es momento de hablar de eso", pero no lo hizo y respondió con todas las ambigüedades que encontró a su mano. Veremos. Ya se ha dicho muchas veces en estas líneas que si hay alguien capaz de ayudar a reorganizar un peronismo dividido, es Gioja. Hoy también se empezará a develar esa respuesta.
Ojalá que gane el juego limpio, el ordenado, porque los argentinos ya nos cansamos de las jugadas traperas y la división. Ese es el cambio que la gente le reclama a los candidatos. Ojalá que lo cumplan, gane quien gane.
PARA SABER MÁS
Los presidentes
Desde 1983 a la fecha han pasado por el sillón de Rivadavia 9 personas. Raúl Alfonsín fue el primero después de la vuelta de la democracia, en 1983; Carlos Menem en 1989 y después en 1995; Fernando de la Rúa en 1999 y entre diciembre de 2001 y enero 2002, hubo cuatro presidentes más, tras la renuncia de De la Rúa: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde. En 2003 Néstor Kirchner resultó electo para el máximo cargo institucional del país, tras la renuncia de Menem a competir en balotaje. Después, en las elecciones de 2007 y 2011, ganó la presidencia de la Nación Cristina Fernández, quién se despedirá del cargo el 10 de diciembre de este año. Los únicos que lograron reelecciones fueron Menem y Fernández de Kirchner.
