La tierra, no representa la ambición ni los intereses económicos de los poderosos que la adquieren para ostentar, hacer gala de grandeza o acumular riqueza. Tampoco es sólo un elemento que provee el sustento como el maíz y el zapallo. La tierra es mucho más que eso, es fuente de cultura, es un principio sagrado, es la memoria, es la vasija contenedora de las raíces, recrea el volver de la vida, de las cosas, de los tiempos, es la matriz que cobija a sus hijos en un nuevo nacimiento cuando estos descienden a las huacas. Es donde se acuna la herencia.
Entonces llega el momento en que la pacha tiene un profundo contenido diferente de cualquier pueblo del mundo. Esto hace que la tierra y el agua sean los principios de la vida y el único milagro de salvación.
Valle Fértil como toponimio español tiene origen lejano, aparece en documentos de carácter histórico a partir del 1600, pero el nombre originario es Rumiguaguay, cuyo significado en lengua cacana denota "Lugar de piedras y de frutos".
Es un valle abrazado por altas montañas que evocan voces del pasado, sus quebradas aún traen ecos de antiguas ceremonias de fertilidad de la tierra, de las siembras, de añosos ruegos por la lluvia… y "Balde nuevo" es un pequeño lugar ubicado al Norte de "Ugno" actual Usno que honrando su significado como lugar sagrado, por sus altares diaguitas, tiene savia nueva, fértil y vegetal; de allí proviene esta calabaza
En las celebraciones religiosas del Santo Patrono de este lugar, San Juan Bautista, cuyos presidentes de la comisión religiosa son el matrimonio de Nicolás de Alvarez y Estela Burgoa, seres simples pero con una profunda dignidad y vocación por el trabajo por y para su pueblo, la providencia hizo eco al lenguaje de la naturaleza que quizo que el número de sorteo de la super, preciosa y soberbia calabaza coincidiera con el que tenía en mi poder, con una indescriptible emoción yo, Kailalay, orgullosa descendiente de los diaguitas me la eché al hombro y me vine con mi carga sagrada para exponerla en el Centro Cultural Museo Indigenista Pachamaluí.
El respeto que mantenemos a la creencia de los antiguos es la enseñanza sagrada de los vientos que sostienen el universo y dan la emanación de la fertilidad de la existencia. Pero la tierra nos está llamando desde las entrañas ultrajadas, nos llama pero no la oímos. La madre tierra está clamando y si queremos escuchar los últimos cantos de la vida. Si queremos recoger las últimas semillas de la identidad, debemos trabajar para devolver la esperanza de una tierra en equilibrio, de un mundo capaz de mostrar que es posible una conciencia por encima del egoísmo…para acariciar las huellas, para confirmar algunos sueños, de volver a guardar vainas en las pirguas, de cargar nuevamente las ramadas, de revivir las ceremonias de la lluvia y honrando la memoria de los abuelos, confirmar el retorno de nuevos tiempos y la sentencia, que aún queda savia para empezar de nuevo.
