Era el año 1866, Camilo Rojo gobernaba San Juan, era el primero que había logrado mantenerse en el poder después que su amigo Sarmiento renunciara a su mandato dos años atrás. Su alejamiento se había producido por la tenaz oposición de dirigentes locales y nacionales que lo responsabilizaban del asesinato del corajudo jefe montonero Ángel Vicente Peñaloza, consumado durante su gobierno.

Nueve años antes, en 1857 San Juan había dictado su primera Constitución y finalmente se organizaba como Provincia. A pesar de ello, el orden logrado era tan precario que en los años que siguieron tres figuras políticas de primer orden fueron brutalmente asesinadas, produciendo conmoción y caos general en la población. Primero en 1858 es muerto el hombre fuerte de San Juan, quién la había gobernado por 20 años el General Nazario Benavídez, en 1860 muere víctima de una asonada el gobernador federal Virasoro y finalmente en 1861 el gobernador liberal Aberastain es asesinado en La Rinconada, los dos últimos en el ejercicio de sus funciones.

La República Argentina tampoco había logrado estabilidad política desde su nacimiento jurídico en 1860, hecho realidad recién cuando Buenos Aires se integró a la Confederación Argentina después de la Batalla de Cepeda aceptando la Constitución que ya habían jurado el resto de las provincias argentinas en 1853.

La muerte del Dr. Antonino Aberastain en San Juan producida a los pocos meses de la integración porteña, reavivó las diferencias entre los liberales aglutinados en Buenos Aires y los federales al mando de Urquiza y Derqui, desencadenándose la Batalla de Pavón, la cual resuelta a favor de los liberales produjo el ascenso de Mitre a la presidencia de la Nación y el comienzo de una etapa de un relativo orden institucional.

No eran tiempos fáciles, todavía las diferencias entre los políticos y el acceso a los cargos públicos se dirimían en contiendas armadas.

La sociedad civil vivía en la incertidumbre y el temor; entre levas y batallas, los emprendedores y los entusiastas no abundaban, sin embargo en San Juan, un hecho novedoso, venía a romper la tradición de violencia en la que transcurría la vida del país.

Rojo al mando del gobierno desde 1864, había podido generar cierto clima de paz y siguiendo las políticas de su precursor había puesto el énfasis de su gestión en la educación pública, creando escuelas como nunca antes en San Juan.

Este ambiente fue auspicioso para que un grupo de jóvenes emprendiera la creación de una biblioteca pública abierta a todos los ciudadanos, que por sí misma constituía un símbolo de tolerancia, de esperanza y de paz.

El Dr. Pedro Desiderio Quiroga en San Juan fue quién reunió un grupo de amigos que asumieron la tarea de fundar la biblioteca, se apoyó en la ayuda del Dr. Guillermo Rawson en Buenos Aires y de Sarmiento en Estados Unidos quienes también se habían comprometido a los fines de concretar la idea.

Quiroga y su grupo logró que el gobernador firmara el decreto que ordenaba la creación de la biblioteca pública por suscripción de socios y el 17 de Junio de 1866 reunieron a los vecinos de la ciudad para firmar el acta de fundación de la Sociedad Franklin Biblioteca Popular, la cual tendría la misión de abrir y mantener una biblioteca pública al servicio de toda la comunidad.

Desde aquél momento y hasta ahora, siempre la Biblioteca Franklin acompañó a las sucesivas generaciones de sanjuaninos que unas tras otras cada vez que traspasaron el umbral de sus puertas y accedieron al maravilloso espectáculo del conocimiento humano contenido en su recinto recibieron la esperanza, la fe y el optimismo que flamean en la antorcha que encendieron aquéllos vecinos en 1866.