Flavia podría haber desplegado su imaginación en cualquier tipo de elemento, teniendo como sustento su título de diseñadora gráfica y su especialización en Tendencias y Dirección Artística. Mientras que Franco, su hermano mayor, como buen administrador de empresas que es, podría haber ‘movido’ con responsabilidad los hilos de cualquier comercio. Sin embargo, estos sanjuaninos de 27 y 30 años respectivamente, decidieron hacerse cargo de su propio emprendimiento. Claro que no armaron un negocio común y corriente: a partir de un objeto adoptado como netamente sanjuanino, como las bicicletas, ellos decidieron sumarle personalidad. Y lo lograron. Así nació Monet Vintage, una iniciativa que concentra en las bicicletas de paseo, los tres pilares fundamentales para sus dueños, como son el cuidado del medio ambiente y la salud y el desarrollo del diseño. Actualmente los originales vehículos de la marca -caracterizados por vistosos colores, con pedales de madera, timbres retro y canastitos de mimbre, entre otros detalles- ya ruedan por los caminos de diferentes provincias del país. ‘Creemos que cada persona en este mundo es única y su bicicleta también debería serlo\’\’, es el leit motiv con el que gestaron su negocio a fines del 2013 y que finalmente lanzaron como marca en mayo del 2014. La propuesta es que cada usuario pueda diseñar cómo quiera su bicicleta en cuánto a colores, accesorios y complementos e inclusive terminación. Tienen tres modelos (París, London y Camille) que les provee un fabricante según sus indicaciones. Ellos se ocupan de intervenirlas respetando los pedidos de los clientes, ya sea con sus propias ideas (Franco por ejemplo hace detalles pintados a mano como chapas y accesorios) o con la ayuda de las plásticas Renata Würschmidt (de Mendoza) y la sanjuanina Coni Rodríguez conocida como ‘Las Castorina\’\’ que se ocupan de decorar los rodados con toques artísticos. Probablemente ninguno de los hermanos Pallucchini imaginó dónde terminarían apostando sus talentos y profesiones, cuando desde pequeños empezaron a andar en bici y no se bajaron más de este tipo de rodado. Es más, esta mezcla de actividad y hobbie, se incrementó con el correr de los años, más allá de la veta comercial. De hecho, Franco hace mountain bike en el Dique de Ullum. Y a modo recreativo aprovecha los productos de su marca para salir a pasear los fines de semana con su esposa. Flavia, desde el 2014, vive a miles de kilómetros de San Juan. Hasta hace un tiempo atrás, estaba instalada en Barcelona, dónde usaba como transporte diario el sistema de alquiler de bicicletas que le ofrecía la ciudad. ‘Allá sacás una tarjeta de socio, usas la bici que está a disposición y después la dejás en la estación mas cercana a tu destino. Es buenísimo porque la bicicleta te permite moverte a cualquier parte con libertad, hacer ejercicio saludable, llegar a los lugares con otra predisposición porque evitás el tráfico y perder tiempo buscando estacionamiento. Es raro, pero la gente que se sube a una bici sonríe\’\’, dice convencida la chica que actualmente se estableció en Portugal y desde allí se ocupa de responder a los pedidos y preguntas que llegan de distintos puntos de la Argentina, como ser la Patagonia donde ya han vendido más de una Monet o del exterior, donde pese al interés, todavía no pueden generar el comercio. ‘Desde que comenzamos buscábamos hacer un producto que no solo satisficiera necesidades de la gente, sino además que nos llenara personalmente, llevando un poco de nuestros valores a la calle y poniendo nuestro granito de arena a este mundo. Apostamos a lo vintage porque la gente quiere recuperar esas cosas que se perdieron en el tiempo. Las bicicletas que hacemos son un ejemplo\’\’, coinciden los chicos que para lograr sus productos, estudiaron el mercado, evaluaron conductas sociales y se involucraron con la versatilidad del mundo de las dos ruedas. A esta altura de las circunstancias no sólo venden bicicletas a la medida del cliente sino que además ofrecen una línea de bolsos y accesorios. Mientras tanto su próximo desafío es lanzar lo que llaman las ‘miniMonet\’\’, bicicletas vintages para niños, aunque ya tienen a disposición las sillitas que se adosan a los rodados para llevar sentados a los más pequeños.
‘No ofrecemos solo un producto, sino una experiencia. Cada persona diseña su bici y eso genera desde el inicio una conexión muy linda, realmente quieren volver a andar y sentirse mejor\’\’, dice Flavia al tiempo que su hermano agrega que ‘creemos que se puede cambiar la rutina, recuperando algo tan simple como volver a andar en bici, ayudando a descongestionar las calles, reducir la contaminación y a mejorar la calidad de vida de las personas\’\’. Es que claro, ellos sueñan que en San Juan, como en otros lugares del mundo, cada uno pueda circular y moverse seguro, en medios de transporte más sanos. Ellos, por lo pronto, ya están ofreciendo, mucho más que sus bicicletas.
