Los europeos se sorprendieron ayer ante los anuncios de que la aerolínea holandesa KLM realizará, desde septiembre próximo, un vuelo comercial entre Amsterdam y París en aviones impulsados por biocombustible.

La compañía ha señalado que la iniciativa busca dar un paso hacia una aviación más ecológica y sostenible, y menos dañina con el medio ambiente, en alusión a las emisiones contaminantes del querosén parafinado (JP1) que utilizan los reactores. La innovación es también auspiciosa ya que se prevé elaborar el biocombustible a partir de un reciclado que los expertos denominan "used cooking oil”, o aceite usado de cocina, junto a un carburante biológico extraído de la planta conocida como camelina. Si bien se trata de un logro trascendente que aparatos como el Boeing 737 puedan hacer tramos cortos con biocombustible, hasta tanto se logre mayor experiencia, quien viene liderando en estas investigaciones en la Argentina, ubicada después de Estados Unidos en el mundo, en la fabricación de "biojet”.

Hace cuatro años, el 9 de mayo de 2007, despegó del Aeroparque Jorge Newbery, un avión IA-58 Pucará de la Fuerza Aérea Argentina, impulsado por biocombustible derivado de la soja, desarrollado en el país por la Dirección de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea, la Facultad de Química de la Universidad Nacional de Córdoba, y la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, que lo subsidia. La tecnología argentina ha logrado comprobar que el biojet tiene las mismas prestaciones que el JP1, pero con ventajas ecológicas, porque tiene menos emisiones de carbono fósil y azufre, lo que contribuye a atenuar el efecto invernadero.