Por Pablo Arias / Agencia DyN
La cuenta regresiva se acaba. Llega Brasil y Maradona libra la batalla más difícil desde que dirige a la Selección argentina. Diego sabe todo lo que se juega en el estadio de Arroyito. Ha llegado su hora. Y tiene varios frentes abiertos.
El primero, su pelea con Grondona: aunque se hayan mostrado juntos en Ezeiza al anunciarse el contrato entre la AFA y el Gobierno por la televisación del fútbol, la relación entre ellos sigue tensa. Y el partido en Rosario es parte de ese combate que libran a veces con sordina, a veces no tanto.
Grondona tomó como una cuestión personal la crítica de Maradona al estado del campo del Monumental. Tras el partido con Colombia del 6 de junio en River, Diego habló de "pisadero" y fue demoledor: "En Villa Fiorito las canchas estaban mejor".
Don Julio cedió a la presión del técnico para que con Brasil se juegue en Rosario y hasta logró el visto bueno de la FIFA para ese escenario, luego de algunas reformas en el mismo. Lo hizo sin inocencia: le quitó así la última excusa por si las cosas no salieran bien.
Según Diego, en Rosario el equipo podrá "meter a los rivales contra un arco, contra las tribunas". Allí, la Selección jugó 11 veces desde 1968: ganó 8, empató dos y perdió una. Contra Brasil jugó dos veces. Perdió 0-1 por el Sudamericano de 1975 y empató 0-0 en el Mundial ’78. Grondona se guardó la última bala de la guerra mediática: "Maradona está para dirigir al equipo, no para elegir la cancha", dijo. Mensaje clarito. Lo que dijo sin decir es "tenés
la cancha que querías, ahora hacé que el equipo gane".
El segundo, el público: Maradona deberá probar que la presión del aliento y la cercanía de la gente mejorarán las chances del equipo. Por las dudas, el técnico se asegurará un respaldo extra. Se sabe que se movilizarán hasta las orillas del Paraná dos núcleos duros de barrabravas.
Ambos tendrán entradas gratis. Son unos doscientos que integran los grupos disidentes de las barras de Estudiantes y de Boca, más el soporte de algunos de Defensores de Cambaceres. Los rumores más maliciosos los vinculan al manager Carlos Bilardo, quien se los habría puesto a Diego en las tribunas desde el partido con Venezuela, en River.
La ONG Salvemos al Fútbol hizo una denuncia formal ante el Juzgado Federal Número 9 a cargo del juez subrogante Marcelo Martínez de Giorgi, bien visto en el Consejo de la Magistratura que controla el oficialismo. La causa no se movió desde entonces. También se espera que concurra el sector fuerte, y oficial, de "la Doce" boquense, a cargo de Mauro Martín, a quien le adjudican cercanía con el técnico. En total, unos 400 soldados de "la causa Selección".
No se descarta que lleven al Gigante de Arroyito banderas políticas de apoyo al Gobierno.
El tercero, el último, pero no el menos importante, sino todo lo contrario: el fútbol mismo. Una verdad que Maradona conoce mejor que nadie. En la cancha, cuando ruede la pelota, se acabarán todas las especulaciones. Tanto que el propio Diego no le esquiva el bulto a la responsabilidad: "Si le ganamos a Brasil estamos dentro del Mundial", dijo. Lo que equivale a decir que si no se le gana las cosas se complicarán. Acaso demasiado.
Brasil llega con un invicto de 16 partidos y el potencial colectivo de un fútbol que puede brillar más o menos, pero que suele no extraviar su identidad. Antes que esta etapa exitosa, su técnico, Dunga, fue puesto en el cadalso público por los medios de su país. Argentina llega con el brillo individual de figuras superlativas (Messi, Mascherano, Agüero, Gago) y las falencias colectivas de siempre. Maradona abrió el paraguas por las lesiones que lo preocupan, sobre todo la de Verón.
Así están las cosas. Maradona sabe todo lo que está en juego y lo que él se juega. Los barras se movilizan. La gente espera. El viejo zorro de don Julio, como siempre, mira todo en silencio. El también sabe todo lo que está en juego.
