Italia es mucho más que sus famosísimas pizzas y pastas. Es risotto, helado, tiramisú y panna cotta. También es panettone, vitel toné, osobuco, pesto, ensalada caprese y hasta salami, entre tantísimos sabores creados en aquellas tierras. Y San Juan, por haber sido la tierra receptora de muchos de los inmigrantes que en las épocas de guerras europeas abandonaron su lugar natal buscando un espacio de paz y prosperidad, heredó, entre otras cosas, este variado menú.

La historia parece empeñada en repetirse muchos años más tarde: Italia sigue enseñando sus recetas. De hecho, son muchos los profesiones que miran con ojos atentos, cada paso que da el país "de la bota”. Las chefs Claudia Rossini -docente en la carrera de gastronomía en la UCCuyo y dueña de su propio emprendimiento gastronómico- y Fernanda Balaguer -experta en pastas- son un ejemplo de ello porque allá fueron buscando aprender algunos secretos de cocina.

Uno de estos casos es el de Fernanda que llegó a Módena -definida por ella misma como la tierra del aceto balsámico, el vino lambrusco, el parmiggiano reggiano (localmente conocido como el queso regianito)- siguiendo los pasos de su marido, un rugbier profesional. Eso fue hace 11 años atrás, cuando ella ni siquiera imaginaba que la oportunidad de trabajar en una pequeña trattoría sería definitorio en su vida.

"Allí aprendí el arte de la pasta sfoglia con una señora de ochenta años que hacía los mejores tortellinis del mundo. También me enseñaron muchos secretos sobre los pescados ya que toda la península itálica posee una enorme cultura sobre este ingrediente. Y quedé tan encantada que hoy todos estos saberes se convirtieron en mi profesión”, cuenta esta chef que probó sus primeras recetas en la "Hostaria del mare”, en el restaurante "Puro” y la enoteca "Compagnia del taglio”, entre otros espacios culinario de renombre. En Italia, conoció al talentoso chef Massimo Bottura, calificado como uno de los tres mejores cocineros del mundo.

Hace un año que volvió, trayéndose "un pedacito” de Módena: su hijo Rocco y una valija cargada de experiencias. De hecho, actualmente Fernanda prepara sus especialidades -entre otras, sus tortellinis y sus canelones de salmón y puerro- para el restaurante "La Coqueta” de Zonda.

Otra aprendiz de sus raíces italianas es la profesora Claudia Rossini. Cuando la invitación al 46¦ curso breve en lengua española sobre Cocina y Enología regional italiana (dictado en el Castello di Costigliole en el Piemonte, Italia), recayó en sus manos, para ella fue como desandar el camino que alguna vez hizo su "nona”, en su travesía por buscar un futuro mejor en América. No lo dudó ni un instante. Allí fue por tres meses para aprender de manos de expertos internacionales.

"Mi principal interés era conocer el lugar de dónde venía mi familia, pero la experiencia profesional fue única. Tuve la oportunidad de participar de clases de cocina, degustaciones y maridajes en la bodega de un castillo castillo antiquísimo junto con alumnos de distintas partes del mundo. No solo conocí recetas sino que también pude ver de cerca como era una fábrica de quesos y la producción de avellanas, un fruto muy usado en la cocina italiana. Afortunadamente tuve la oportunidad de asistir en Brescia a una clase de chocolate del Maestro Eliseo Tonti, uno de los creadores del famoso huevo Kinder y de los bombones Ferrero Rocher”, recuerda Claudia que además se quedó un tiempo más haciendo una pasantía en un comedor llamado La Trattoría del 1960, camino a Milán.