Para elegir el champú adecuado, se debe tener en cuenta la naturaleza del cabello; ésta se determina por sus características particulares y teniendo en cuenta la influencia de los factores externos tanto químicos como ambientales.
El champú puede ser utilizado como agente limpiador, para eliminar las impurezas y embellecer el cuero cabelludo, o como tratante según el tipo de cabello o el problema a solucionar.
La frecuencia del lavado depende del tipo de pelo, del ambiente y del clima donde se vive. Por ejemplo está comprobado que la polución metropolitana se adhiere al cabello, ensuciándolo más rápidamente, por lo tanto la frecuencia de lavado debe ser mayor en las ciudades.
A pesar de la costumbre de lavarse el cabello diariamente según los dermatólogos el cabello natural (no sometido a procesos químicos) se debe lavar cada dos o tres días con un champú neutro.
Sólo es necesario una higiene diaria si el pelo es graso; en estos casos además hay que elegir un producto "normalizador del cuero cabelludo".
Para el cabello seco se aconsejan dos lavados semanales, aplicando un champú nutritivo.
Para la caída capilar es necesario un champú específico y lociones complementarias, ricas en elementos revitalizantes del bulbo piloso.
También es aconsejable emplear champúes suaves y realizar no más de tres lavados semanales si el cabello es fino o está teñido o con permanente.
Soluciones básicas
-Cabello químicamente tratado: Evitar las fórmulas abrasivas. Utilizar productos con jojoba, colágeno y provitaminas, ingredientes que fortifican la fibra capilar.
-Cabello frizado o permanentado: Utilizar productos a base de ginseng, vitaminas, siliconas y/o aminoácidos, para dar brillo y tersura a la fibra capilar.
-Cabello de lavado frecuente (1 vez por día): Los champúes deben ser extremadamente moderados y sobre todo, no alcalinos, para no irritar el cuero cabelludo.
-Cabello lacio o flojo: Se recomiendan limpiadores suaves, sin acondicionadores ni aceites que le agregan demasiado peso al cabello. Evitar las fórmulas "dos en uno".
-Cabello normal y corto: No necesita un acondicionamiento intensivo. Es el candidato perfecto para la utilización de combinaciones "dos en uno".
-Cabello sometido a aguas pesadas: El culpable es el cobre que hay en el agua, no el cloro. Deben utilizarse fórmulas anti-oxidantes purificantes, limpiadoras de los residuos minerales.
-Cuero cabelludo seco: Buscar limpiadores suaves, de PH balanceado y que incluyan aceites naturales en su fórmula.
-Cuero cabelludo graso: El champú a utilizar debe emulsionar el sebo que secreciona el cuero cabelludo, de manera de poder barrerlo fácilmente. Evitar definitivamente las fórmulas pesadas de acondicionadores.
-Cuero cabelludo irritado: Utilizar limpiadores de fórmulas livianas y suaves, ricas en esencias botánicas suavizantes.
-Doble punta: Se producen por la falta de cuidados adecuados y por la agresión de agentes externos. Los cabellos se vuelven porosos en las puntas al desaparecer las escamas de cutícula que la protegen, entonces las puntas se abren. Se soluciona usando productos con siliconas que actúan formando una película protectora y flexible.
-Cabellos deshidratados o poco flexibles: Para recuperarlos es necesario utilizar productos hidratantes no grasos y acondicionadores a base de jojoba, germen de trigo y algas, que refuercen la estructura capilar.
