No es que el poeta no esté contento, pero seguro que estará asombrado de cómo una justicia que no puede resolver nada y que deja a más del 90% de todos los crímenes irresueltos cada año, tuvo la pericia y la rapidez necesaria para capturar a sus asesinos, como ha ocurrido en la investigación del crimen del notable juglar que conmueve al continente.

El caso del absurdo crimen del cantautor argentino, ejecutado por sicarios del narcotráfico en Guatemala, me recuerda también a la justicia de México, que poco puede hacer contra el crimen organizado pero que cuando se trató de resolver los asesinatos de un par de empleados consulares de los Estados Unidos, lo hizo con rapidez asombrosa o como por arte de magia.

Esta rapidez en el caso de Facundo Cabral, por la presión que significa la personalidad de un famoso o influyente, desnuda que la justicia en nuestros países está muchas veces atada a la voluntad política del gobierno. Es decir, justicia parece que sí hay, pero lo que no existe es la equidad necesaria para que todos los ciudadanos seamos y nos sintamos iguales ante la ley. Al conocer la obra y vida de Facundo Cabral, uno sabe que esta situación de justicia sin equidad, si bien no es mala, al menos lo incomoda.

De lo que no cabe dudas es que Guatemala, Honduras y El Salvador están perdiendo la guerra contra el narcotráfico y de allí la impunidad del crimen organizado. Estos tres países tienen la incidencia criminal mayor del mundo: el porcentaje de muertes violentas por cada cien mil habitantes es mayor que en Irak donde es de 14, según una investigación de las Naciones Unidas.

Es cierto que los gobiernos de estos países tienen dificultades estructurales y las instituciones son débiles históricamente, habiendo sido golpeados por la guerra civil que en décadas pasadas arrojó más de cien mil víctimas. Pero también es cierto que los esfuerzos estadounidenses para ayudar a combatir a los narcotraficantes se enfocaron en Colombia y México, siendo que desde Honduras, por ejemplo, es transportada el 42% de la cocaína que viaja hacia el norte.

México dispone de una nueva legislación para combatir el lavado de dinero y de la misma manera, si se crean reformas y se otorgan los recursos necesarios para mantener cuerpos policíacos en este sentido, sería una gran contribución en Centroamérica para combatir los 300 o 400 billones de dólares que maneja anualmente el narcotráfico. Si uno piensa que el producto bruto interno (PBI) de Honduras alcanza a 29 billones, se puede dar cuenta de la desventajas que tienen los estados de la región frente al crimen organizado.

En ciudad de Guatemala, en plena vía pública fue asesinado a tiros, hace dos años, el periodista Rolando Santis, en un ataque en el que también resultó herido su camarógrafo Antonio de León, ambos pertenecientes a Canal 13 local. Santis falleció en el lugar de los hechos y el camarógrafo fue trasladado a un hospital con graves heridas. Santis iba manejando su automóvil y fue víctima de una emboscada similar a la que cobró la vida de Facundo Cabral, un modus operandi de los narcos guatemaltecos que no ha variado frente a la pasividad de las autoridades inoperantes.