La diplomacia de Estados Unidos hacia Latinoamérica, cuya jefatura ha estado en el limbo durante meses, recibió un pequeño impulso cuando el presidente Barack Obama designó a Roberta S. Jacobson como encargada de asuntos latinoamericanos. Pero la designación, por si sola, no logrará revertir la gradual pérdida de influencia estadounidense en la región.
Jacobson, una diplomática de carrera, tiene buena reputación en el pequeño mundo de funcionarios y académicos de Washington que siguen de cerca los asuntos latinoamericanos, a diferencia de su predecesor Arturo Valenzuela, un académico cuya nominación en 2009 fue bloqueada durante varios meses por republicanos conservadores en el Congreso. Lo más probable es que el Senado confirme rápidamente a Jacobson. Esta designación pondría fin a los cinco meses que el cargo estuvo vacante. Antes de su actual cargo como encargada de la oficina de asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Jacobson ocupó entre otros cargos el de directora de asuntos mexicanos, y fue la No. 2 de la embajada en Perú.
Entre los temas más urgentes que deberá enfrentar, están la muy postergada ratificación estadounidense de los acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá, la escalada de violencia en México, y la próxima Cumbre de las Américas en abril de 2012. En un espectro más amplio, tendrá que tratar de mejorar los vínculos con la región en momentos en que China ha eclipsado gran parte de la influencia de Estados Unidos en los países sudamericanos exportadores de materias primas.
Según un informe de las Naciones Unidas, el porcentaje de las importaciones totales de Latinoamérica a Estados Unidos ha caído del 55% en el 2000 al 32% en 2009, mientras que las exportaciones latinoamericanas a EEUU cayó del 61% al 42% durante el mismo período. Y las inversiones también representan un porcentaje menor de las inversiones totales en la región que hace 10 años.
Mi opinión: una rápida confirmación de Jacobson en el Senado ayudaría a agilizar la maquinaria diplomática de Estados Unidos en Latinoamérica, pero no será sustituto de la falta de un plan estratégico para establecer vínculos a largo plazo con la región.
Coincido con Obama en que Estados Unidos debe convertirse en un "socio igualitario” de Latinoamérica, como me dijo el presidente en una entrevista. Y Obama ha hecho algunas cosas buenas en la región, como lanzar un programa para aumentar a 100.000 el número de estudiantes estadounidenses que irán a Latinoamérica, y viceversa.
Pero el hecho es que mientras gobiernos estadounidenses anteriores lanzaron planes ambiciosos como la Alianza para el Progreso, la Iniciativa de Comercio de las Américas, o el Area de Libre Comercio de las Américas, Obama no ha propuesto ninguna iniciativa regional importante. Lo que es peor, no hay en su gabinete grandes defensores de Latinoamérica, un factor clave para concentrar la atención de la Casa Blanca en la región.
Ahora que Obama busca un segundo período, debería pensar en una nueva iniciativa comercial hemisférica para crear cadenas de valores que permitan a las empresas estadounidenses comprar más componentes hechos en Latinoamérica, para aumentar sus exportaciones al resto del mundo, y competir mejor con los asiáticos. Eso ayudaría tanto a EEUU como a Latinoamérica. Estados Unidos ya es un socio comercial más atractivo que China en la región: compra mayormente productos manufacturados de Latinoamérica, mientras que China compra casi sólo materias primas que dejan pocas ganancias a la región. Es una ventaja que Washington debería profundizar, para beneficio de ambas partes.
"OBAMA debería iniciar muchos intercambios académicos, científicos y tecnológicos y que piense en términos más ambiciosos sobre Latinoamérica si no quiere que EEUU pierda cada vez más terreno en la región”.
