Fueron dos San Martín. Totalmente opuestos y que dejaron una grata impresión porque se trató de la reacción de un equipo que no entró bien y cuando parecía que Godoy Cruz lo podía complicar, sacó a relucir su juego, que sin todas la luces ni el ideal que pregona Carlos Mayor, le alcanzó para igualar el partido, revertir un primer tiempo que, por supuesto, debe analizar y por supuesto seguir progresando en la propuesta que tuvo en el complemento.
Fueron dos caras. Dos momentos. Dos tiempos. Y dos equipo diferentes. El primer, el del parcial inicial tuvo muchos desacoples. Los centrales erraron en sus salidas y cierres, los laterales perdieron en la marca. En el medio vieron como el Tomba dominó la pelota y pese a exigirse no quedarse con las segundas pelotas. Mientras que a los dos de arriba nunca les llegó la pelota.
Pero lo mejor llegó en los 45′ finales, que fue otro San Martín, muy distinto. Que empató a los 4′ y cambió prácticamente en todo y sólo le faltó un poco más de agresividad en los minutos finales para ganarlo.
Esto en base a que en el fondo la marca, proyección y entendimiento cambió. En el mediocampo Pelaitay fue un motor para pelear todas las pelotas y Bogado y López encarar con criterio. Bueno presionó y asistió, mientras que Figueroa le sacó provecho a esa astucia que tiene con su velocidad para encarar.
Signos vitales para un equipo que hizo se debut, está en pleno proceso de armado, que necesita tiempo y rodaje, y que para el bien del San Martín mostró credenciales para ilusionarse.
