El canillita Mario Plaza, cuya historia tomó repercusión luego de que denunció que le sacaron su puesto para llevarlo a un lateral de la Circunvalación, ayer volvió a trabajar. Lo hizo luego de una orden de la Municipalidad de la Capital y el regreso se produjo tras 28 días, en los que dijo que tuvo que endeudarse para poder sobrevivir. Algunos de sus clientes tradicionales lo felicitaron y le dieron apoyo, mientras que el traslado del escaparate a su posición original en Ignacio de la Roza y Paula Albarracín de Sarmiento se concretó en un rápido procedimiento.
‘Fue muy duro lo que me pasó, pero creo que lo más lindo cuando uno se cae es poder levantarse. Yo siento que vuelvo a empezar, pero no me queda otra que seguir para adelante’, expresó Plaza, mientras avanzaba entre los autos ofreciendo diarios y revistas.
El hombre denunció el 16 de mayo pasado que fue a trabajar como todos los días y que a su escaparate, ubicado en la vereda de la esquina Suroeste durante más de 40 años, lo encontró sobre un costado de la Circunvalación.
Según dijo, quien ordenó ese cambio fue el dueño del local comercial de esa esquina, luego de amenazarlo el día anterior de que tenía que pagarle $8.000 para quedarse. Por eso es que Plaza realizó una denuncia penal, por entender que coartaron su derecho a trabajar, e inició acciones para la restitución del puesto a su lugar. La Municipalidad de la Capital ordenó esa medida el lunes pasado, por entender que la vereda es municipal y que el quiosco estaba habilitado para funcionar ahí.
Plaza ayer se levantó a las 5, como lo venía haciendo, y a las 6 ya empezó a vender diarios y revistas que colgó entre unas piolas, a la espera de una grúa que reubicó el escaparate. ‘Todos estos días me seguía levantando a la misma hora, porque ya es una costumbre, pero ahora fue especial. Venía muy golpeado psicológicamente y esto fue un envión anímico muy importante. El apoyo del Sindicato de Vendedores de Diarios fue muy importante, creo que si no hubiesen estado no podría haber vuelto a trabajar’, expresó el hombre.
La reubicación del escaparate obligó al uso de una máquina, luego de probar infructuosamente con una grúa y hasta utilizando la fuerza humana.
FELICITADO
Entre sus clientes habituales, el dueño de una quiniela lo felicitó por volver a trabajar. ‘Me parecía injusto lo que le había pasado a Mario, porque es un hombre que no molesta a nadie y lo único que hace es trabajar. Me alegré cuando me vino a traer de nuevo el diario’, contó Pepe Torrent.
José Marzano, quien tiene una tradicional bicicletería en una de las esquinas, comentó que como Plaza no estuvo yendo, le había pedido al canillita de otra zona que le llevara los diarios.
‘No me sorprendió que Plaza apareciera ahora, sino que me había sorprendido que le sacaran el puesto. Yo ya me había acostumbrado a que me trajera el diario’, expresó por su parte Daniel Jofré, quien tiene un local de venta de neumáticos. En tanto, la propietaria de la casa de comidas que alquila el salón de Central y Paula, contó que también le dio felicidad ver de nuevo al canillita. ‘Cuando abrí el negocio, vi a Mario, lo saludé y lo felicité. Es un trabajador como todos nosotros y me alegró que recuperara su fuente laboral’, expresó Graciela de Echegaray.
