En Australia, cuando se lesionó, trabajó de carpintero. Ahora en San Juan, como huésped en la Granja Tía Nora que se encarga de recibir turistas que integran el movimiento internacional WWOOF (que persigue el aprendizaje de los visitantes en la participación en las tareas de gestión de la explotación sobre la ecología local y la cultura) conoce la diversión del lugar y gente de otra cultura.
Darles de comer a los conejos y demás animales, regar las plantas y colaborar en la limpieza y siembra de plantines, son algunas de las varias tareas que James y Ann Marie (profesora de Inglés y de Geografía) desarrollan en su morada sanjuanina.
“Me gustó la Ciudad de San Juan, es chiquita y había poca gente”, contó O’Sullivan que se dio una vuelta el domingo por la tarde, cuando la actividad en el microcentro es casi nula. “El Valle de la Luna es algo impresionante, único, me gustó”, agregó ayer mientras viajaba hasta el nuevo predio de San Miguel donde pensaba entrenar.
Dice que por internet está en contacto permanente con sus familiares. “Todos los días nos comunicamos con mis padres y hermanos” y los nombró a los tres: Declan Jr de 27 años, Fiona (20) y Darren (16).
Simpático, amable, muy agradecido por el trato que le dispensa la familia de Pedro Gómez, propietario de la Granja Tía Nora. “Son… ¿cómo se dice? Macanudos”, afirma con una amplia sonrisa que remarca su perfecta dentadura entre su tupida barba.
James O’ Sullivan, o simplemente, “el Gringo” como le dicen sus compañeros de San Miguel, llegó a Albardón como turista y conquistó a todos con sus maneras sencillas y carácter afable.
