Según cuenta su médico, no puso un gramo de sí para quedarse. Se le había agotado el tiempo de su alma. Una zamba triste y final le desgarraba todo, menos la eternidad. Seguramente se daba cuenta que era suficiente para cerrar la moraleja de una vida exitosa, pero muy dura y, sin proponérselo, pasaba al bronce de los auténticos.

Mercedes Sosa fue la "cantora" que quiso simbolizar en su último trabajo, término que expresa mejor al intérprete popular. Fue la voz del pueblo, aunque no tuviera la unanimidad o algo parecido. Estoy seguro que, de ahora en más, el pueblo será cada vez más su compinche. Eligió Mercedes el camino difícil del canto con contenido; rechazó de plano y con frases terminantes lo frívolo en el arte, y se puso del lado del más débil y del hombre latinoamericano, ese ser que todavía lucha por un lugar más digno en ese mundo Sur postergado e inexplicable.

Los dictadores la prohibieron justamente por eso. La condenaron al absurdo: cantar coplas vacías, huecas, mudas. Ella tuvo la virtud de elegir los mejores temas, porque ella era pura esencia, virtud de pocos. Cuando se le permitió volver del exilio, nadie la detuvo porque nada irregular había hecho, pero se le prohibió cantar. Era demasiado peligroso para una mente totalitaria y neblinosa, que alguien pronunciara la vida en un país acorralado de muertes. Fue inútil. Al cantor se lo puede silenciar algunos momentos, no siempre, si detrás suyo está la gente que su canto ha defendido u honrado.

No compuso una sola canción. Al menos no se le conoce ninguna popular; pero les puso nombre y autoridad a todas las que acarició y refundó con sus versiones magistrales.

Mercedes fue una gran cantora. No es necesario atribuirle una voz "privilegiada", aunque en gran medida lo era; esas voces no producen, necesariamente, los mejores intérpretes; interpretar es muchísimo más. El privilegio era toda ella, ese arsenal de paz que juntaba una hermosa voz, un color intenso, un sabor extraordinario y una emoción única.

Aquella virtud que se le atribuye a Gardel, de cantar cada día mejor, indudablemente se pregonará de la Negra.