“Quiero seguir estudiando Derecho, porque me gusta mucho, pero además quiero dedicarme a mi pasión que es la pintura. Yo soy artista y cuando me retire me voy a dedicar plenamente a esto”. Carlos Ferreira cuenta que estuvo un tiempo cursando Artes pero que cuando le tocó decidir, se quedó con la abogacía, como su padre. “Con el arte seguramente no iba a poder sostener una familia como la he sostenido”, reflexiona hoy en su despacho, decorado con sus pinturas (foto). Ferreira pasó así más de 40 de sus 63 años en Tribunales y hoy planea jubilarse para poder seguir con sus cuadros. Según el juez, las leyes no le impidieron dedicarse un poco a la pintura, y ha logrado más de 50 exposiciones y que algunas obras hasta lleguen Europa y Estados Unidos, según dice. Ferreira reflexiona que quiere disfrutar de sus nietas, que salieron todas mujeres -otra viene en camino-, frutos de sus tres hijos varones. Sobre todo porque al juez no le fueron fáciles los últimos años. A mediados de los “90, le dio cáncer y los médicos le habían dado sólo 3 meses de vida. En Córdoba le dijeron que había posibilidad de operarse, le dijeron que tenía un 40% de chances de salir vivo y que si salía, quedaría ciego, sordo o mudo. “Me jugué todo por el todo. Y fue un milagro”, cuenta hoy. Salió casi sin secuelas pero le recomendaron que esté fuera de su oficina un año. “Después de las operaciones tremendas a fines del “96, donde me abrieron la cabeza de oreja a oreja, en febrero ya estaba dictando sentencias”, recuerda. Unos años después, nada que ver con el cáncer, perdió un ojo, dice, por una mala praxis. Y enfatiza: “Así ha sido mi vida, muy intensa.¡Por supuesto que me quiero jubilar!”.