‘Mi hijo me preguntó el otro día: ¿Ma, Dios va a hacer que vuelva el Ariel? Le dije que no y me largué a llorar. El era uno de los amigos de Ariel y no se resigna a saber que está muerto’, contó una mamá, vecina de la Villa Angelita, Santa Lucía. Este es el loteo donde vivía Ariel Tapia, el niño a quien hace exactamente tres meses encontraron muerto dentro de una heladera y cuyo caso conmocionó a la provincia. A 90 días de aquel hallazgo en un baldío donde solía jugar, la ausencia de Ariel se hace sentir en el vecindario, especialmente entre los niños. Los amiguitos lo extrañan, ya no se juntan tan seguido en la plaza y los menores tampoco juegan hasta tan tarde, como sucedía antes de la tragedia, según reconocieron los vecinos.
La plaza era el lugar de encuentro de Ariel y sus amigos y allí pasaban horas, recordó una mujer. En ese paseo, a menos de una cuadra de la vivienda donde vivía el chico de 12 años, se quedaban hasta la 1 de la mañana, refugiados en la tranquilidad de ese loteo con casas en construcción y calles de ripio.
Pero ahora, según los vecinos, los chicos ya no se reúnen tan seguido y en las primeras horas de la noche, cada uno se va a su casa. ‘Las madres además los estamos vigilando a cada rato, porque la verdad es que quedamos con miedo. Una se da cuenta también que algo cambió en los niños cuando se juntan, por la forma que hablan o juegan’, acotó otra mamá, mientras venía de hacer las compras. Ella, al igual que otros consultados, prefirieron no dar sus nombres porque quieren evitar problemas, según dijeron.
Por su parte, en la casa de Ariel hay obreros trabajando en una ampliación, pero los Tapia ya no viven allí, sino en lo de un familiar. A esa vivienda se mudará una hermana de Alejandra Silva (35), la mamá del niño, cuando terminen los trabajos.
En tanto, al baldío donde hallaron a Ariel dentro de la heladera, a los fondos de su casa, le mejoraron el cierre perimetral de alambrado. Igual, los niños ya no juegan allí. ‘Antes era cosa de todos los días que anduvieran haciendo indiadas ahí. Ariel y los amigos se cruzaban una pared y después entraban al baldío, pero ahora los chicos no se meten. Para mi es muy duro ver cada día el lugar donde lo encontraron’, contó un vecino del pasaje que da justo al terreno donde estaba la heladera, junto a una cabina de camioneta que sí permanece en el lugar.
Por su parte, la Policía vigila más seguido el barrio. ‘Vienen los patrulleros y si hay juntada de jóvenes, piden los antecedentes. Y cuando ven a los niños jugando de noche, les piden que se vayan a sus casas’, agregó una mujer.
EN LA FAMILIA
Erica Silva es la tía de Ariel y contó que su hermana y sus sobrinos se mudaron a su casa en el barrio Camilo Rojo, después que los golpeó la muerte. ‘Han sido tres meses muy duros y nadie sabe las cosas que hemos pasado. Mi hermana por ahí sufre crisis y la tenemos que internar. Y mis sobrinos a veces no salen ni a la puerta’, relató Erica.
Sobre los tres meses que se cumplen del hallazgo del cuerpo, la mujer acotó que ‘le quisimos hacer una misa, pero nos dijeron que no se podía y haremos un responso más adelante. Lo que estamos pensando es en hacer una movilización, porque pasa el tiempo y la causa sigue parada’.
