Una nota de dos páginas publicada por el diario francés L’Equipe en abril pasado reabrió un tema del que empezó a hablarse hace cinco años, el "doping tecnológico", consistente en utilizar motores en los cuadros de las bicicletas de carrera.
El reportaje de dos páginas de la centenaria publicación deportiva gala surgió como respuesta a que la Unión Ciclista Internacional (UCI), desde febrero, incluyó en sus reglamentos disciplinarios sanciones para ciclistas y equipos por el uso de cualquier dispositivo electrónico o mecánico.
Si algún ciclista es encontrado culpable será suspendido, al menos seis meses y deberá pagar una multa que puede ir de los 60 a 600 mil dólares. Lo mismo ocurrirá con los equipos, medio año, mínimo de suspensión y una multa que va de los 300 mil a 3,1 millones de dólares.
De los motores ocultos en la bicicleta comenzó a hablarse cuando el suizo Fabian Cancellara ganó el Tour de Flandes, en mayo de 2010 (ver recuadro), el tema se potenció cuando una imagen televisiva de la Vuelta de España, corrida en septiembre de 2014, muestra cómo la rueda delantera de la bicicleta de Ryder Hesjedal seguía girando después que el canadiense sufriera una rodada.
En el reportaje, L’Équipe habló con el ingeniero húngaro, Istvan Varjas, que los fabricaría y que reveló que se utilizan desde 1998: "Son silenciosos e ilocalizables". La amenaza parece no ser una fantasía, sino una realidad. De hecho, la UCI examinó en las dos últimas etapas de la París-Niza dos bicicletas de seis equipos por sorpresa, en la meta y en los camiones de los equipos.
Una fuente del ente rector del ciclismo confió que se han invertido, aproximadamente 1 millón de dólares en la compra de equipamiento para detectarlos. En otra de las grandes clásicas, la Milán-San Remo, se avisó por el radio tour a los equipos, 20 kilómetros antes de la meta, que habría controles sorpresa. En una carpa tras el podio se revisaron las máquinas de los tres primeros: Degenkolb (de Giant), Kristoff (Canyon) y Matthews (Scott). También las 22 Trek del Etixx de Cancellara y del Trek y las 11 Specialized del Tinkoff-Saxo. Se identificó a los mécanicos-jefe de los equipos y se les obligó a desmontar piezas para introducir una cámara en los tubos.
L’Equipe especula al respecto que estos motores podrían estar tanto ubicados en los cuadros como en las mazas de las ruedas y que tendrían un tamaño aproximado al de una memoria USB, conectada al pulsómetro de los corredores, de modo de poder entrar en acción como ayuda suplementaria cuando el corazón alcanza el umbral máximo de esfuerzo. Estos mini motores podrían aportar los 10 o 20 watts que le permiten a un profesional establecer la diferencia.
Hasta el momento no se encontró nada, tampoco en el Giro de Italia donde ni Alberto Contador zafó del escaneo.
