A mediados del siglo XIX, nuestro país constituía un verdadero vacío demográfico. Todo estaba por hacerse. El 12 de octubre de 1868, Sarmiento asumía a la presidencia del país. Sin educación no se concebía un país organizado ni era posible pensar un futuro nacional. Por ello debía crear cuanto antes ‘elementos civilizadores”, como él le llamaba: a las escuelas, bibliotecas, museos, institutos, teatros y librerías.
Estos elementos civilizadores o espacios de instrucción, fueron claves para avanzar sobre el desierto físico y cultural de la época. Llevó adelante una conquista espacial, pacífica, cultural y sobre todo educativa con estos elementos. Al respecto, Domingo F Sarmiento (1898) O. Completas, Tomo XXVIII, 300. decía ‘No hay progreso real en educación que no comience por la infancia y por el pueblo”. El analfabetismo era un mal grave y se debía educar a los habitantes de nuestro país cuanto antes. Si se quería crear pueblos desarrollados se debía comenzar por las escuelas y luego por las bibliotecas como complementos de aquellas. El alfa y la omega de la educación popular.
Con todo lo dicho, en 1870, el sanjuanino fue el inspirador de la Ley Nro. 419 de Bibliotecas Populares. Fue promulgada el 23 de septiembre de ese año. La ley era breve y concisa, y estaba compuesta por 7 artículos. Según Juan J. Cresto (1999) en ‘Sarmiento y las bibliotecas populares”, Segunda época, Año 2, Nro2, Museo Histórico Nacional, Bs As, 43. ‘La ley fue reglamentada por decreto del 29 de octubre de 1870. Tal como se preveía, favoreció la fundación de bibliotecas aún en lejanos lugares del mapa argentino llegando a tener 158 en 1874 y a 182 en 1876. Pese al entusiasmo, muchas no pudieron sostenerse y en 1894 sólo subsistían 16+. En apenas 6 años de vigencia de la ley surgieron 182 bibliotecas populares diseminadas en las capitales, pueblos y caseríos de todo el país. Juan J. Cresto (1999). Obra cit., 38. ‘Pocas veces una ley como esa fue tan fecunda+. Además los resultados de esta conquista educativa, fueron expresados por el mismo Sarmiento, en la sesión del 22 de julio de 1876. O. Completas, Tomo XX, 119. ‘Con la ley ha estado en ejercicio hasta aquí, se han producido ya sus efectos, que era estimular a las poblaciones, reunidas en pequeñas villas y ciudades, para que diesen comienzo a la formación de bibliotecas+. Con esta cita valiosísima, demuestra otra vez Sarmiento, que quería promover en todos los habitantes de nuestro país un cambio de conducta y acercarlos al hábito de la lectura. Sabía que logrando esta meta, haría en un futuro que niños y jóvenes, visiten en edad adulta las bibliotecas y puedan ponerse también al servicio de las bibliotecas mismas. Creo que fue otro de los objetivo logrado por Sarmiento. Hoy muchos jóvenes presiden o forman parte de las comisiones directivas de las bibliotecas populares.
Gracias a esta ley, había que fundar bibliotecas hasta en el desierto. Cualquier pueblo que pudiera mantener una biblioteca, tenía todo el derecho de solicitar en forma gratuita al Estado, y este, tenía la obligación de proveerle de libros. Así, se buscaba elevar el nivel intelectual y económico de los pueblos receptores de libros.
En enero de 1873, Sarmiento escribía a París, a los señores Hachette y Cya.: ‘…Una aldea, una villa, una ciudad, se convierte por aquella institución (biblioteca popular) en un individuo que posee o puede poseer todos los libros; en una familia dueña de un depósito de conocimientos+. O. Completas, Tomo XXX, 381. Esta interesante cita, también nos dejaba en claro el valor que le daba Sarmiento a la lectura. Y aseguraba ‘aprender a leer es instruirse, o más bien, es todo una educación completa+ O. Completas, Tomo XXVIII, 204. La lectura era todo, era el instrumento más poderoso que podía elevar el nivel intelectual de un país.
Actualmente parece plantearse el mismo problema que vivió Sarmiento en el siglo XIX, la falta de lectura por parte de niños y jóvenes, y por ende de comprensión lectora. Es necesario volver a retomar el hábito de la lectura en las familias, en las escuelas, en los colegios, en las bibliotecas, etc. Para que las generaciones venideras formen su individualidad propia, autónoma y crítica.
Brevemente hemos visto lo que significó las bibliotecas populares para Sarmiento y para nuestro país. Lo valiosas que fueron y que son para nuestra sociedad. Hacer no sólo de toda la república una escuela sino también una biblioteca popular. También vemos la vigencia del sanjuanino en pleno siglo XXI y su constante preocupación por la educación y de acuñar ciudadanos aptos para la democracia.
