EEUU 24 de septiembre.- Al rato de llegar a Nueva York,Cristina de Kirchner se «lookeó» deportiva y salió a caminar. Luto pleno: de negro desde las zapatillas hasta la vicera con ropa de neoprene, la Presidente dedicó la mediatarde al footing escoltada por Carlos Zannini, su Secretario de Legal y Técnica.

Desmalezó, en paralelo, presunciones y novedades. Dos relevantes: la cita que tendrá hoy con George Soros y el encuentro que mantendrá el jueves con el CEO de Exxon -anticipado el viernes por este diario- con YPF como agenda primordial.

Ayer, con la comitiva alojada en el Mandarin Oriental hotel, la Presidente confirmó el encuentro con el empresario cuyo portfolio argentino ha zigzageado en el último lustro: de una salida casi absoluta en 2010 a un regreso con inversiones agroindustriales.

Soros martilló en estas semanas, ante la crisis europea, por una participación intensa de la Alemania de Angela Merkel. Hasta anoche no se conocía temario específico sobre el contenido de la reunión de Cristina con el magnate que hasta 2009 controló parte de IRSA.

El otro «highlight» sorpresivo de la gira es el mano a mano con Rex Tillerson, «chairman» y presidente de Exxon Mobile Corporation. Según el Gobierno argentino, el encuentro es a pedido de la compañía que había iniciado conversación por la cuestión YPF.

Hasta ahora, las conversaciones las había encabezado el ministro Julio De Vido. A mitad de semana estaba previsto que el titular de Planificación se incorporase al staff cristinista en la gira pero finalmente viajará a Rusia y China por reformas en centrales hidroelécticas.

El expediente energético absorbe, en estos días, a buena parte del Gobierno. Es cierto que la exposición en Naciones Unidas, el encuentro con Ban Ki-moon y sus disertaciones en Harvard y Georgetown son escalas valoradas por la Presidente pero en el capítulo gestión lo central es Exxon y el expediente Vaca Muerta.

La misma obsesión -que replica Guillermo Moreno con el cepo importador para juntar los dólares para cubrir el déficit energético- llevará De Vido a Rusia con la pretensión de que la oferta de ampliar la producción de las centrales hidroeléctricas sea posible con modificar las turbinas.

Es una tema ríspido: hay varias propuestas en el rubro -también juega China y quieren intervenir España y Portugal- pero pocas certezas sobre la eficacia de cualquier iniciativa. Los rusos prometen, por caso, ampliar el 10% la producción ampliando las aspas de las turbinas.

Sin embargo, además del costo y el tiempo de parálisis -calculan, según el caso, de 4 a 6 meses de centrales inactivas- no hay garantía de que se incremente efectivamente la productividad en esos niveles.