Buenos Aires 1 de marzo.- La economía marcó el discurso de la presidenta Cristina Kirchner que en casi tres horas inauguró en el Congreso Nacional el 132° período de sesiones ordinarias. Afuera del Palacio Legislativo, miles de manifestantes de organizaciones sociales y políticas se dieron cita para escuchar el mensaje de la jefa de Estado. El kirchnerismo apostó a movilizar unas 100.000 personas.
La mandataria defendió el rumbo económico de la Argentina, y en ese contexto embistió contra los empresarios por la inflación y le tendió una mano a los sindicatos. Sin embargo, dedicó duras palabras a los docentes, que amenazaron con un paro que demoraría el inicio de clases. Cristina Kirchner también cuestionó a la oposición, defendió la estatización de YPF, días después de acordar con Repsol un pago multimillonario por las acciones expropiadas, y anunció una "revolución energética".
Cristina reflotó sus exigencias al Poder Judicial, un año después de proponer una profunda reforma, que tras ser votada en el Congreso el año pasado selló su suerte ante la inconstitucionalidad dictada por la Corte Suprema. También habló sobre materia de relaciones exteriores: defendió el pacto con Irán como avance en la causa sobre el atentado a la AMIA y denunció un "golpe suave" contra el presidente venezolano Nicolás Maduro en las últimas semanas.
"Inauguramos este mensaje ratificando una vez más que la economía ha vuelto a crecer y que completamos el período de crecimiento con inclusión social más virtuoso de nuestros 200 años como Nación", expresó la jefa de Estado, escoltada por el vicepresidente Amado Boudou y por el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez. Cerca de ella también se acomodó el flamante presidente provisional del Senado, el ex gobernador radical de Santiago del Estero Gerardo Zamora.
Reconociendo la disputa que libra por estas semanas el Gobierno para contener la inflación, Cristina le exigió a la Asamblea Legislativa que este año se aboque "a sancionar instrumentos que defiendan de una buena vez a los usuarios y consumidores frente al abuso de sectores concentrados, de sectores monopólicos y oligopólicos".
Y envió un duro mensaje a los empresarios. "No hay ningún justificativo para aumentos de precios por encima de valores que no se condicen con la realidad y que solamente saquen el bolsillo de los argentinos", planteó, despertando aplausos que bajaron de los palcos colmados de militantes y dirigentes oficialistas.
Cristina dedicó críticas a los docentes, que están en discusión con el Gobierno por el aumento salarial de este año. Aunque saludó a un sector de los sindicatos de maestros por haber levantado un paro lanzado al inicio de la semana, la jefa de Estado lanzó: "No puede ser que cada año sea un parto el inicio de clases por la discusión salarial".
Antes, había metido el dedo en la llaga al referirse a la cuestión del presentismo, uno de los pilares del reclamo de los gremios. "Sé que a los docentes les da urticaria el tema del presentismo. Quiero decirles que hemos cumplido con el objetivo de destinar la mayor cantidad de recursos", aseguró, y les pidió esfuerzos para llegar a un pronto acuerdo en las paritarias.
Habló sobre la Justicia a las dos horas de su mensaje. Ganó la atención del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y demás miembros del máximo tribunal. "Un poquito de control popular no le viene mal a nadie", dijo, añorando la reforma judicial que propuso en 2013 y reprochó: "Ganan mejores sueldos y siguen sin pagar ganancias… necesitamos una mejor Justicia". En ese pasaje contó que ayer habló con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, con quien discutió por la toma de terrenos en Villa Lugano y con quien coincidió -según dijo- en la "poca agilidad" del fiscal y el juez que aún no lograron desalojar el predio.
Propuso que el Congreso debata una "ley de convivencia ciudadana" para de alguna manera regular protestas y evitar que esos reclamos y piquetes perjudiquen al resto de la sociedad.
"Como Presidenta me comprometo a denunciar este acuerdo y a promover el que ustedes me traigan", le dijo a la Asamblea Legislativa sobre el pacto con Irán firmado el año pasado, que aún no tuvo avances concretos para que la Justicia argentina le tome declaración indagatoria a los iraníes acusados por el atentado a la AMIA.
Al instante, se refirió a la crisis política que atraviesa Venezuela, donde denunció que hay un intento de "golpe suave". Entonces señaló: "No vengo a defender al presidente Nicolás Maduro, sino al sistema democrático de un país como lo hemos hecho con lo que sucedió en Bolivia y en Ecuador [a través de la Unasur], aún sean de izquierda, de derecha, del medio o del fondo".
Peronismo y sindicatos
En un discurso sin leer, pero apoyada en informes, documentos y papeles que desperdigó en el estrado, Cristina le tendió una mano a los sindicatos. Los elogió, marcando una diferencias con sus discursos anteriores. "En estos años hubo un altísimo grado de sindicalización, herencia del peronismo, uno de los pilares fundamentales que ha permitido generar una clase trabajadora que lucha por sus derecho, que tiene memoria colectiva y que no permite retrocesos", dijo la mandataria.
Antes se había ganado aplausos al asegurar que "el mayor elemento para reducir la pobreza en la Argentina no fueron las transferencias de recursos desde el sector público, sino el surgimiento del trabajo legal y registrado". Cristina defendió las negociaciones colectivas, mientra su Gobierno sigue desde principios del años con suma atención las paritarias en todos los sectores.
En varias pasajes le habló directamente a los legisladores opositores, mientras las cámaras de la cadena nacional mostraron los rostros parcos de Patricia Bullrich y Gabriela Michetti (Pro), Gerardo Morales y Julio Cobos (UCR), y Martín Lousteau (UNEN), entre otros. "Siempre les miro la cara a los opositores. Hay que mirar y escuchar a todos", dijo la Presidenta con una sonrisa socarrona.
Cristina anunció que en la Argentina habrá "una revolución energética". Rechazó las críticas en cuanto a la falta de "autoabastecimiento energético" y señaló: "Sólo estamos importando el 9,4 de la oferta total de energía, y con la recuperación de YFP vamos al autoabastecimiento definitivo".
Dijo que el país "busca autonomía porque no nos gusta que nos manden" y mencionó al presidente de Estados Unidos, Barack Obama: "Él habla de que van a producirse en su país productos, bienes y servicios made in USA. Lo quieren para ser potencia energética, nosotros lo queremos para que nos mande nadie"..
