Hombre sencillo, amable y llano. El embajador de Chile en Argentina, Adolfo Zaldívar, fue uno de los invitados especiales a esta edición del Cruce de los Andes. Sin llamar la atención de más, pero sin pasar desapercibido, el diplomático se fundió con el resto de los expedicionarios, siendo uno más. Distendido y sentado sobre un colchón inflable, el diplomático habló con DIARIO DE CUYO sobre su vivencia personal.

-¿Por qué decidió participar?

-Ésta va ser una experiencia inolvidable, además la pude hacer con la presencia de mis hijos, cosa que es muy importante. Haber podido conocer la cordillera de esta manera fue impresionante. Yo tuve experiencias en la montaña pero no como ésta. Está realizada dentro de las privaciones que depara una travesía, si bien hay apoyo, hay una impronta que te hace reflexionar lo que hicieron nuestros antepasados hace 200 años.

-¿Cómo se ha sentido?

-He tenido otro gran legado de esta travesía, que es la de comprobar la existencia de la Argentina profunda que nada tiene que ver con la realidad de las grandes urbes y de las zonas atlánticas. Esa Argentina es la que me encontré en este viaje y es la que necesitamos para enfrentar la globalización.

-¿Qué recuerdo se lleva?

-Lo último que he podido apreciar en este viaje es el sentido democrático de Argentina. Chile es un país muy jerárquico. Y esto lo pude comprobar en la forma de relacionarse que tiene el Gobernador con todos, incluida la gente más modesta. Es una relación donde existe el tuteo, no hay jerarquías y se producen relaciones muy ricas, muy humanas y yo diría muy democráticas y esa es la gran reserva que tiene este país en los profundo. Chile es un país democrático republicano en las instituciones, pero en la vida diaria no es así. Por ello sostengo que Chile debería imitar a este país.