En el año 2006 el escritor futurista Alvin Tofler y su esposa Heidi, quien a los 86 años de edad presentó su libro "La revolución de la riqueza", habló del "choque de velocidades". Todo un Best Seller de hace justo 10 años atrás, de lo que se cumple hoy.

Entre las perlas escritas en él, uno pude recoger ahora la del choque de velocidades, donde expresa cómo las naciones de todo el mundo en distintos ritmos de marchas, se esfuerzan en construir economías avanzadas.

En este capítulo, justo el número 5, llama la atención a todos los dirigentes empresariales, políticos y civiles, sobre una realidad que aún hoy pocos entienden. En palabra de los Toffler, es "una economía de avanzada necesita una sociedad avanzada, pues cada economía es producto de la sociedad en que se encuentra inserta y depende de sus instituciones básicas".

Lo cierto es que si un país quiere acelerar su crecimiento económico pero deja atrás sus instituciones básicas, muy pronto encontrará el límite para crear riquezas. A esta realidad los Toffler le llamaron "ley de la congruencia". Esto mismo sucede hoy en sociedades como la nuestra, donde las burocracias avanzadas remiten a los sistemas de generación de riqueza basados en el conocimiento, hacia una realidad retrasada.

Para graficarlo mejor, el matrimonio futurista se paró en la carretera del conocimiento, mejor dicho, en la Tercera ola de la riqueza, la de la información y comunicación; con radar en mano y describió a los líderes y rezagados de la nueva economía mundial:

* A 160 km por hora zumban las empresas y los negocios, imponiendo transformaciones revolucionarias en la sociedad a una velocidad tecnológica que incluso sus directivos, empleados y proveedores no pueden manejar.

* 145 km por hora es la velocidad a la que circula el coche de la sociedad civil. Aquí circulan las ONG, constituidas por coaliciones variopintas y cambiantes pro-empresa y anti-empresa. Aquí se ubican por ejemplo la Cámara Minera y la diversidad de empresas anti-mineras locales.

* En tercer lugar y a 100 kilómetros por hora circula el auto de la familia. Existen cambios en el entorno familiar favorecidos por las tecnologías o no, que están modificando día por día las realidades hogareñas para bien o para mal.

* 50 km por hora. A esta velocidad circulan los sindicatos. En la era digital, donde el trabajo es portátil, estas instituciones aún no se replantean su misión y sentido; y desempeñan, según los Tofler, un papel residual con un llamado urgente a reprogramar su GPS o mapa de ruta.

* 40 km por hora. En este coche y por el carril lento, circulan las burocracias gubernamentales y su lenta toma de decisiones para un cúmulo creciente de problemas. Resolviendo problemas, en lugar de practicar verbos como el planificar, proyectar, prever, prevenir, es decir, acelerar y anticiparse a los cambios. ¿Le suena conocido?

* 15 km por hora. Aún para el auto fundido del gobierno es posible mirar para atrás y encontrar un vehículo rezagado en la autopista, repleto de pasajeros como los padres, profesores innovadores y alumnos, apretujados en un medio que clama por un cambio urgente: este auto, con la rueda pinchada, se llama Educación Pública.

* 10 kilómetros por hora. A esta velocidad circulan los organismos internacionales como la ONU, FAO, OMC, Mercosur, entre otros organismos. La globalización les pasó por encima, sin cambiar de carril y hoy afectan la economía mundial por su disfuncionalidad.

* A 5 o menos kilómetros por hora caminan los partidos políticos y la Ley, con sus instituciones como los congresos, la justicia, etc. Desprestigiados, con el motor fundido y sumidos en un mundo complejo, hoy sólo resucitan para determinadas ocasiones de la vida institucional de los pueblos según los Toffler.

Para pensarlo, ¿o no?