La desaparición de la niña británica Madeleine McCann en Portugal, que conmovió al mundo hace cinco años, es aún un misterio sin resolver. En primera instancia las investigaciones apuntaron a los padres, pero no hubo pruebas concluyentes y ahora ellos dicen que pierden la esperanza de que esté viva.
El 3 de mayo de 2007, cuando estaba a punto de cumplir 4 años, Madeleine desapareció de un apartamento de Playa de la Luz, en el Algarve, al Sur de Portugal, mientras dormía con dos hermanos aún menores y sus padres cenaban con amigos en un restaurante cercano.

Nunca se encontró rastro de su paradero, aunque cientos de efectivos de la Policía y voluntarios la buscaron durante meses con ayuda de las autoridades de otros países y mientras las televisiones de medio mundo mantenían una atención internacional sin precedentes en un caso de desaparición.

Los McCann recaudaron en 2007 más de cuatro millones de euros en la campaña para buscar a Madeleine que indujo a las autoridades europeas a promover un sistema de alerta internacional de desapariciones de menores.

El inspector que dirigió la investigación, Gonzalo Amaral, renunció pero publicó un libro en el que apunta a la implicación de los padres.