Muchos países todavía consideran que el tema es importante, pero no urgente debido a que los resultados no se verán hasta la próxima generación. Si bien hubo tanta demagogia como en pasadas asambleas, ahora hay algo de mayor conciencia. Todos los países -ricos, emergentes y pobres- coincidieron en dejar de achacarse culpas y trabajar para que el año próximo en París se alcance un tratado con prácticas y objetivos comunes para reducir los gases contaminantes.

Este avance no se hubiera conseguido sin la presión de la sociedad civil. En el Central Park de Nueva York desfilaron 300.000 personas, una de las 2700 marchas que se contagiaron en 158 países. Y también porque el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reclamó cambios: "No estamos aquí para hablar sino para actuar”. Ya nadie quiere escuchar discursos sino ver acciones concretas. Tampoco que gobiernos y científicos con intereses mezquinos emitan informes sobre que el cambio climático es un proceso normal del universo, así como las tabacaleras se pasaron décadas negando que el cigarrillo cause cáncer. Los datos son contundentes. En 2013 las emisiones de combustibles fósiles aumentaron 2,3% alcanzando un récord de 36.000 millones de toneladas de dióxido de carbono. Este año el porcentaje será mayor.

A una tasa anual de 40.000 millones de toneladas liberadas al año, en menos de una generación se llegaría al tope de 1200 que puede soportar la Tierra antes de que suba la temperatura dos grados centígrado y las consecuencias sean catastróficas. Un informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático pronosticó que en este siglo la degradación irreversible del ecosistema desplazará a millones de personas, generándose conflictos y guerras.

EEUU ya admitió culpas y responsabilidades. El estudio "Evaluación Nacional del Clima” realizado por 300 científicos, demostró los problemas que afectan al país, entre ellos, desastres meteorológicos, cambios en la agricultura y en el nivel del mar y mayor número de enfermedades. Ahora se espera que China, el mayor contaminador con el 28% de las emisiones del planeta, e India, el cuarto después de EEUU y la Unión Europea, se comprometan a descontaminar, pese a que teman una desaceleración de sus economías.

La sustitución de energías fósiles por las renovables, eólica y solar, se apunta como la alternativa más eficiente y factible, y en esa práctica Alemania, España y Brasil, están adelantados. Sin embargo, todavía falta demostrar que las energías renovables son redituables frente al carbón, barato y accesible.

"La nueva economía del clima”, un informe del FMI y la Universidad de Bolonia, no habla de sustitución de energías, sino de reemplazo de impuestos. Que los países impongan cargas tributarias caras a la emanación por carbón y que, al mismo tiempo, reduzcan otros impuestos como el de las ganancias. Considera que así, a la vez que se incentive la sustitución de energías, la mayor cantidad de dinero circulante proporcionaría beneficios adicionales para el crecimiento del país.

Podría ayudar a vencer la resistencia de aquellos gobiernos que ven en la lucha contra el cambio climático un mal negocio y una gran amenaza para sus economías.