El dato sobre una actuación por lo menos irregular del empleado judicial federal Sergio Fabián Puentedura (47 años, 20 de antigüedad) había saltado hace tiempo y fue entonces que el propio juez Leopoldo Rago Gallo lo puso enseguida en conocimiento de la fiscalía. El dato: una escucha telefónica que revelaba sus sospechosos contactos, fuera del estricto ámbito judicial, con un sujeto detenido por drogas. Pero en los últimos días todo se desbordó, para peor: desorden; faltantes de droga y dinero de las causas a su cargo (el más grave fue tener sólo 5 ó 6 panes de marihuana de 11 destinados a la quema); tener escondidos en su oficina expedientes (con secuestros) que tramitaban otros empleados (algo prohibido). E incluso tener a las vueltas a un hombre que reclamaba unos $2.000 de una fianza y finalmente devolvérselos, pero con otros billetes y no con los registrados oficialmente, fueron indicios clave para sospechar de Puentedura, dijeron fuentes judiciales.
Por todo eso este empleado (delegado gremial y dirigente en el ámbito del hockey sobre patines) pasó así a ser candidato número uno a quedarse con el traje de imputado en la escandalosa sustracción de estupefacientes y dinero del juzgado federal de Mitre y Entre Ríos, en Capital.
Puentedura fue detenido por policías federales el lunes a la noche por mandato del juez federal Miguel Ángel Gálvez, quien ordenó además requisar a fondo las causas (sobre todo las tramitadas por Puentedura) para saber realmente cuál es la cantidad de drogas y plata que pudo sustraer, desde hace tiempo.
El de Puentedura es el segundo caso que involucra a personal del juzgado federal penal. El otro ocurrió en noviembre de 2011 (robaron al menos 20 kg de droga y unos $30.000) e implicó a Rogelio Videla Hadad, por entonces principal referente de la región cuyo de los judiciales.
Desde esa vez fue que desde el propio juzgado pidieron cámaras de seguridad a sus superiores, pero no hubo caso. Mientras tanto, el procedimiento que se sigue es ordenar la quema de los estupefacientes lo más pronto que se pueda y cada secuestro de dinero enviarlo a una cuenta bancaria.
Ahora, Puentedura enfrenta dos investigaciones: su actuación laboral y, la más grave, su papel como presunto ladrón de drogas y dinero. Una complicada situación económica aparece como la posible explicación de una actuación que pocos imaginaban.
