En Uruguay, llegaron a romperle la cabeza a culatazos. Aún recuerda cuando los militares subían el volumen de la música para que no se escucharan los gritos de dolor de los torturados.
¿Qué fue lo peor de la dictadura militar argentina iniciada en 1976? Rosario hace un enorme silencio. Después, reprimiendo un poco la voz, responde: “Fueron momentos muy feos. Uno pensaba: ‘¿para qué estar vivos?’. Pero hemos logrado reconstruirnos y todavía soñamos con un mundo mejor”.
A sus 61 años, la sanjuanina Rosario Quiroga se anima a rearmar su pasado, después de que su imagen cobrara notoriedad por estos días tras acudir a la Justicia uruguaya en busca de castigo para los responsables de la dictadura de ese país, donde fue secuestrada y torturada.
Si hubiera que resumir su historia, los días de la militante Rosario Quiroga transcurrieron en San Juan, Mendoza, Buenos Aires y Uruguay, donde terminó secuestrada el 15 de diciembre de 1977. En Buenos Aires, también estuvo cautiva en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) entre el 17 de diciembre de 1977 y el 19 de enero de 1979.
También fueron secuestradas en Uruguay las tres hijas pequeñas que tuvo durante su primer matrimonio con José Luis Herrero, quien había desaparecido en marzo de 1976 en Mendoza. “Nos fuimos a Mendoza (con Herrero) porque en San Juan nos habían allanado la casa que teníamos en el barrio San Ricardo (Rawson)”, cuenta Rosario, que militó en el Peronismo Revolucionario.
También su segundo esposo fue víctima de la dictadura: Oscar Degregorio, del Peronismo Montonero, fue detenido en la ciudad uruguaya de Colonia el 16 de noviembre de 1977, cuando intentaba ingresar al país. También cautivo en la ESMA, a Degregorio “le hicieron una intervención quirúrgica que terminó matándolo”, explica Rosario a DIARIO DE CUYO responsabilizando a la dictadura.
CULATAZOS
Después, la otra cara de la pesadilla. “Estaba llegando a la ruta interbalnearia con un compañero el 15 de diciembre de 1977. Cuando nos dan la voz de alto echamos a correr. Nos golpearon mucho, me rompieron la cabeza con culatazos. De ahí, nos llevan a un lugar que creo que es Carrasco (por ese entonces Rosario estaba viviendo a unos 20 kilómetros de Montevideo)”.
Las tres hijas fueron secuestradas en su casa junto a otros compañeros de Rosario. En Uruguay, “estuve sometida a torturas permanentes. Me hicieron submarino, me esposaron los brazos hacia atrás y me colgaron de unas roldanas (que son como poleas). Es sumamente doloroso. No dormíamos prácticamente nada, porque no te dejaban tranquila. Cuando podíamos, dormíamos en el piso”, recuerda.
Después de Uruguay, llegó su cautiverio en la ESMA, entre el 17 de diciembre de 1977 y el 19 enero de 1979. “Me pusieron grilletes, como en la época de la esclavitud. Eran frecuentes los gritos de dolor, mientras los militares trataban de subir el volumen de la música” para no escuchar los alaridos de los cautivos torturados, cuenta Rosario. “Era algo desgarrador. Por suerte, mis hijas fueron liberadas luego de que las trasladaran conmigo a la ESMA”, cuenta la sanjuanina que aún se acuerda de los cautivos que sólo ingerían pan y agua.
Pero su carrera por la supervivencia llegó a su momento clave, cuando los militares determinaron que Rosario iba a pasar a la pecera, el lugar donde están los cautivos a los que se les asignaba trabajos específicos. “Le decían pecera porque era un lugar rodeado de vidrio y hasta allí llegaba la gente a la que se le mostraba cómo trabajábamos. Si ellos decidían que pasabas a la pecera era como que estaban decidiendo que ibas a vivir. Yo tenía que trabajar organizando la biblioteca”.
Precisamente en la pecera, Rosario conoció a Raúl Cubas, su actual esposo con quien pudo concretar su tercer matrimonio la sanjuanina. Tras quedar en libertad, ambos terminaron viviendo en Caracas (Venezuela) con los dos hijos fruto de esa relación.
