Es la primera vez que actúan juntos en un escenario y aunque admiten que no son amigos, "en el medio se conocen todos" y afortunadamente para ellos y el público, lograron forjar un vínculo interesante para ponerse en la piel de dos amigos añosos que han compartido seis décadas de su vida, atravesando todo lo que le puede pasar a las personas. Aeroplanos es la pieza de Carlos Gorostiza que aterriza en San Juan mañana, en el Teatro Sarmiento (ver aparte). Llegados con días de anticipación para "hacer prensa" -como se estila- los protagonistas, Rodolfo Ranni y Mario Pasik, recibieron a DIARIO DE CUYO en el hotel donde se hospedaron. "Esto es un texto hermosísimo de Carlos Gorostiza, muy acabado, muy redondo, muy profundo, sencillo y a la vez elevado", presenta Pasik, para quien huelgan las presentaciones, al igual que para su actual compañero de gira. "El mensaje de la pieza es que los sueños siempre se cumplen, y que Dios puede cerrar todas las ventanas pero siempre deja una puertita abierta", promete Rodolfo Ranni.
Llevan dos meses en gira y Pasik dice que tienen "muy buena respuesta, no sólo en cuanto a la cantidad de gente, sino al tipo de repercusión. Estamos acostumbrados ambos a recibir el calor del público, pero con esta obra es tan potente, porque la gente pasó una hora y pico riéndose de estos dos señores que no se hacen los graciosos, a pesar de ser temas difíciles, y vienen algunos momentos donde se habla de algunas cosas que obligan a pelar algún papel tisú o un pañuelito". Para Ranni, "son dos personas muy simples, que dicen cosas muy profundas sin ellos darse cuenta, de la misma manera que causan gracia, sin ser ellos graciosos. La comedia pasa de la carcajada al llanto, a la emoción, con cosas muy profundas que escribe Gorostiza, uno de nuestros grandes autores", adelanta el actor, que además asegura que "es una obra que necesita una gran comunicación sobre el escenario, por suerte con Mario se dio". Por su parte, Pasik contó que cuando ensayaban se encontraban una hora y media antes en un café, ahí, además de "pasar letra", conversaban de todo un poco. "Se fue creando con Ranni un modo, un decir, una conexión arriba del escenario muy particular y hace que la gente tenga esa sensación. Claro que ya no vamos a tener la oportunidad de tener una amistad de 60 años…", dice.
Y dado que ese tipo de relación es justamente una de las claves de la trama de Aeroplanos, la siguiente pregunta apunta a saber si los actores en sus vidas reales tienen el tipo de amistad que plantea el autor. "No tengo, lo envidio un poco a Paco -su personaje- que tiene este amigo de tantos años, sí tengo gente con la que todavía estoy conectado, de la primaria, o secundaria, pero soy más de haber recogido algún amigo de la profesión, pero es una profesión muy particular, formamos y deshacemos familias constantemente", analiza Pasik; mientras que para Ranni simplemente es "imposible. Forma parte de la ficción, se daba en otra época, cuando la vida se circunscribía al barrio, al club, al boliche de la esquina, los tiempos de hoy no permiten eso".
La conversación torna irremediablemente hacia el avance del tiempo, ya que la misma obra muestra a personajes octogenarios, en una encrucijada de su vida. Pasik asegura que el "rollo" de envejecer lo mastica hace tiempo. "Me encuentro con cosas que, no tan brillante como Gorostiza, yo también he desarrollado, porque soy reflexivo, me gusta transitar el tiempo de la mejor manera. La temática de la obra no me sorprende, me alimenta, me hace crecer, cada personaje aún con los malos". No es ni la muerte ni la soledad sobre lo que reflexiona Pasik, sino sobre la vida. "Dicen que esta obra habla de la muerte, mi personaje le toca llevar adelante la sensación del vivir, a pesar de todo. Me siento identificado a veces", admite Pasik. Para Ranni, la edad no es un problema. "Nunca he pensado, me doy cuenta de los años que tengo porque por ahí me duele la cadera, los brazos, las manos, pero no es un tema de preocupación para mi. ¿La muerte? Menos, porque nunca he pensado en ella. No me preocupa, al contrario, yo prefiero hacer una gira porque me renueva el entusiasmo todas las noches, un público distinto, un lugar distinto, me gusta eso de la zanahoria dentro del burro, la vida es movimiento. Uno se mantiene joven, no es que yo lo sea, pero me siento así", sostiene Ranni, quien está cerca de cumplir 80.
¿Qué pasa con los actores cuando envejecen? ¿Hay pocos papeles?, son las preguntas. Para Pasik sí, ocurre así, pero es algo "que siempre pasó". "En general el producto masivo, de gran repercusión, tiene protagonistas de 30, salvo que si llegaste más o menos en buenas condiciones (luego de cierta edad) desplegás tu galanura. El tema es qué tipo de personajes te toca, Farsantes era una novela donde los protagonistas no tenían 30, sino que eran más grandes", contesta Pasik, quien fue el archivillano en la tira de El Trece. Según Ranni, no faltan espacios. "No creo que pase eso, si uno va creciendo con la profesión sabe que un día hace de hijo, otro día de nieto y después hace de papá, de tío y después hace de abuelo. Es inevitable", dice riendo.
Cambiando de escenarios, de ciudad en ciudad, reflexionando sobre la vida, la muerte y la amistad, así van estos experimentados actores, que gracias a la profesión se convirtieron en inesperados compañeros de ruta.
