El terrible secreto se conoció la tarde del 7 de agosto de 2012. Esa vez, Carlos David Zalazar (37) calentó el calefón de su humilde casa en Rivadavia y consiguió, después de una larga insistencia, que su pareja entrara a bañarse. Era la ocasión que buscaba para repetir en un dormitorio con su hijastra, entonces de 17 años, una violenta y aberrante práctica que había comenzado cuando la niña estaba a punto de cumplir 9 años: un enésimo abuso sexual, perpetrado siempre con amenazas de muerte. Todo marchaba de acuerdo a lo que había planeado el acusado, porque su mujer se metió al baño y había comenzado a higienizarse hasta que, por descuido, su pantalón se mojó y entonces tuvo que salir de apuro a buscar otro. Fue ahí que se topó con una escena que jamás hubiera querido ver: su pareja con los pantalones bajos, practicándole sexo oral a su hija mientras le tapaba el rostro con una almohada, era lo que hacía siempre (a veces usaba una bolsa de naylon) que quería violarla. Zalazar salió en el acto hacia el fondo, fumó un cigarrillo y luego ingresó a la casa para poner la música a todo volumen. Negó todo cuando le pidieron explicaciones y trató de mentirosa a su hijastra, pero antes de que el sujeto llegara al dormitorio, madre e hija simularon dormir mientras la menor le confesaba las terribles situaciones de abuso que había sufrido.

Esa misma noche la mujer resolvió denunciar todo al otro día. Pero Zalazar adivinó lo que se le venía y en lugar de ir a su lugar de trabajo, el Hospital Mental de Zonda, se quedó. Su mujer se lo topó sorpresivamente al volver de dejar a sus hijos en la escuela esa mañana del 8 de agosto. Entonces él quiso darle un beso y abrazarla, pero como ella se negó: estalló. La tomó del cuello, comenzó a golpearla y la llevó hasta el dormitorio donde había dejado de antemano un cuchillo. Con esa arma le cortó las orejas, le clavó el pecho, le cortó los dedos de ambas manos, incluso una de esas heridas le dejó un dedo de la mano derecha con serios problemas. ‘Te hago esto cu… porque me quitaste al gran amor de mi vida’, le gritó.

La mujer suplicó por su vida convencida de que iba a morir desangrada. Y logró salvarse recién cuando le dijo a Zalazar que no iba a revelar nada e iba a inventar que la habían atacado ladrones. El sujeto aceptó pero la hizo tomar el cuchillo y hasta le sugirió que dijera que ella quiso suicidarse. Y se subió a la ambulancia para no ser delatado, en medio de amenazas. Terminó preso en el hospital cuando su mujer quedó a solas con un enfermero y contó todo.

Cuando llegó a juicio, las pruebas obligaron a Zalazar a confesar sus delitos y aceptar 10 años de cárcel en un juicio abreviado que acordó a través de su defensor, Leonardo Villalba, con la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós. Ayer, el juez José Atenágoras Vega (Sala II, Cámara Penal) aplicó el mismo castigo.