En apenas 6 horas, tres robos a punta de arma, incluido el de peor final: el crimen de un electricista de 30 años que trabajaba para el municipio de Rawson cambiando semáforos, quien recibió un disparo en el abdomen por resistirse a que le llevaran la bicicleta con la que iba al trabajo. Los cuatro delitos ocurrieron entre las 16 y las 22 del 9 de agosto del año pasado y ayer, el juez Ernesto Kerman (Sala II, Cámara Penal) condenó Franco Rey (21) uno de los confesos autores de esa seguidilla con corolario mortal, a 12 años y 6 meses de cárcel.
En su fallo, el magistrado también declaró responsable al cómplice de esas maniobras, un chico de 17 años que ahora podrá ser condenado en la Justicia de Menores igual que otro menor de 17 años, declarado responsable por el encubrimiento agravado de sus primos, ya que sirvió de nexo entre los homicidas y el comprador del celular robado a la víctima del homicidio, Cristian Castro.
El defensor Jorge Aguiar, aseguró ayer que los delitos ocurrieron porque los tres implicados son víctimas de adicciones y problemas de alcoholismo. Y que por eso pedirá en la Justicia Penal que el único condenado, Franco Rey, sea tratado en la cárcel. Según el letrado, el cómplice de homicidio ya está en Buenos Aires internado recibiendo atención y el supuesto encubridor también, en el Proyecto Juan local.
Aguiar había acordado con la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós ir a un juicio abreviado, pues los implicados reconocieron su autoría y estaban dispuestos a cumplir lo que finalmente resolvió ayer el juez Kerman.
Todo había comenzado a las 16 del 9 de agosto del año pasado en el Lote Hogar 32, en Rawson, donde un chico fue encañonado por Rey y el menor para robarle su bicicleta. Tres horas después sorprendieron al mismo jovencito, pero esta vez, también a punta de arma, le robaron las zapatillas en presencia de otro vecino.
Lo peor de esa peligrosa dupla ocurrió cerca de las 22 de ese día, cuando sorprendieron en la plaza del barrio Universitario, Capital, a Cristian Castro y a su novia Bárbara Vargas. Primero pasaron y los miraron fijamente. Y cuando la pareja se marchaba, les salieron de atrás: uno amenazó exigiendo la bicicleta y la campera, el otro tomó el rodado. Cristian rogó que no le llevaran el transporte y hasta tumbó de una piña al sujeto del revolver calibre 32, quien desde el piso se lo pasó a su cómplice el arma. Y Cristian no tuvo escape: recibió un tiro en el abdomen y murió desangrado en el hospital.
