La medida de congelar los precios en los supermercados y otras cadenas de comercialización de productos de consumo masivo por un plazo de 60 días -desde el 1 del corriente mes hasta el 1 de abril- es una acción que se debate entre una imposición de Gobierno nacional, para facilitar la discusión salarial y un acuerdo de partes al que accedieron los supermercadistas para evitar una confrontación con los consumidores, después de que la presidenta Cristina Kirchner los convocó hace unos días a defenderse ante los aumento de precios.
Está previsto que durante estos próximos dos meses, los supermercados nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) y las cadenas de comercialización de electrodomésticos, entre otros rubros, no ajustarán los precios en todas sus líneas de productos abarcando desde los artículos esenciales de la canasta familiar, como yerba, azúcar y fideos, hasta otros productos como ropa, electrónicos y rodados. También está previsto que esta política de congelamiento de precios traiga aparejado la suspensión de las tradicionales ofertas, lo que repercutirá, indudablemente, en los niveles de venta de los distintos supermercados, que generalmente compiten ofreciendo mejores condiciones a sus clientes.
Hay que tener en cuenta que los supermercados constituyen un eslabón clave para contener los aumentos de precios, pero no el único. De acuerdo a mediciones efectuadas en el país, las grandes cadenas de supermercados controlan casi el 40% de las ventas de alimentos, bebidas, artículos de limpieza y tocador. El resto se reparte entre los mayoristas y los minoristas que incluyen los almacenes y negocios barriales.
Pero hay quienes consideran que la suerte de esta medida la va a determinar la industria, que es la que debe asegurar el abastecimiento. El temor radica en que si este sector envía las listas de precios consignando aumentos de precios, por mínimos que sean los supermercados se negarán a tomarlos y la consecuencia directa será el faltante de productos en las góndolas o estanterías.
De ahora en más habrá que observar atentamente cómo se comporta este sistema de control de precios, que aunque no se lo quiera llamar así funciona de esa forma en la práctica. También será interesante ver cómo procederá el sector comercial para promocionar sus ventas dentro de la normal competencia que genera la actividad y que ahora se pretende desalentar mediante la suspensión de las ofertas.
