Con el match del próximo domingo, la Argentina habrá protagonizado tres finales mundialistas contra Alemania -1986, 1990 y 2014-, todas bajo un contexto económico y político signados por las dificultades.
Durante el ’86, el entonces ministro de Economía Juan Vital Sourrouille trató de sostener el denominado plan Austral, que un año anterior había reemplazado al Peso Argentino con la intención de frenar la suba del costo de vida.
Sourrouille había conseguido bajar la inflación a un 2 por ciento (dato que le permitió al radicalismo ganar las elecciones parlamentarias de noviembre de 1985), pero promediando el año del Mundial de México ya se aventuraba una tasa ascendente de inflación que cerró por encima del 80 por ciento, agravada por una fuerte evolución de la pobreza.
En lo estrictamente político, el gobierno de Raúl Alfonsín se vio siempre bajo la amenaza de las Fuerzas Armadas, que rechazaban los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
En 1986, Alfonsín tuvo que intervenir personalmente para que el Congreso sancionara la Ley de Punto Final, pero de poco le sirvió para calmar a los militares, que en Semana Santa de 1987 se sublevaron encabezados por Aldo Rico.
También en 1986, el líder radical viajó a Río Negro para lanzar su idea de trasladar la Capital Federal a Viedma, mientras que en el Congreso avanzaba la Ley de Divorcio.
En el ’90, en tanto, la Argentina naufragaba en una hiperinflación con un índice que se ubicaba por encima del 2.300 por ciento, no muy lejos del 3.000 por ciento, que un año anterior había provocado la caída de Alfonsín y permitido la llegada de Carlos Menem a la Casa Rosada.
Menem había llegado por el voto peronista a la Presidencia, aunque durante 1990 el Partido Justicialista se vio convulsionado por la alianza que ‘el Turco‘ realizó con la Ucedé de Alvaro Alsogaray, así como con los grupos económicos locales y los gestos de apertura hacia Estados Unidos.
Antes del inicio del Mundial de Italia, el entonces ministro de Economía Erman González puso en marcha el denominado Plan Bonex, con el que canjeó compulsivamente los plazos fijos por bonos con la intención de frenar el avance de la inflación.
Si bien logró atenuar el costo de vida, Erman González no pudo colocar a la economía en índices normales y su gestión al frente del Palacio de Hacienda terminó con el escándalo de corrupción conocido como Swiftgate.
Ese año, Menem firmó el decreto de indulto para los ex miembros de la junta militar y permitió así la liberación de Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Ramón Agosti, Roberto Viola, Armando Lambruschini y Ramón Camps, quienes habían sido condenados en 1985 por delitos de lesa humanidad.
Con otro decreto, el mandatario riojano también indultó a Mario Firmenich, uno de los jefes de la organización guerrillera Montoneros.
El Mundial de Brasil encuentra el gobierno kirchnerista, en el inicio de su retirada, envuelto en un escándalo de corrupción sin precedentes con el vicepresidente Amado Boudou procesado en la causa Ciccone.
Sin un sucesor del riñón kirchnerista en el horizonte, la presidenta Cristina Fernández debe lidiar en mantener el poder y que no se le diluya por acción de la oposición o de los propios dirigentes del peronismo que aspiran a sucederla.
A esto se agrega la pulseada que mantiene con los denominados holdouts y algunas inconsistencias económicas que a principios de este año llevaron a proyectar una inflación de por encima del 40 por ciento para este año.
Más allá de los mundiales, la realidad argentina siempre tuvo sus similitudes.
