Si habían dudas sobre las consecuencias sociales y económicas originadas por el cambio climático, un ejemplo muy cercano de las bruscas alteraciones que acontecen en el mundo lo tenemos en Valle Fértil, un departamento que en un mes ha pasado de tener una sequía devastadora, a inundaciones incontrolables.

Estos extremos atípicos en una región que ha desarrollado su actividad con un régimen hídrico de cierta regularidad, plantea un llamado de atención para hacer frente a las contingencias del cambio climático, de la misma manera que los sanjuaninos nos protegemos de los terremotos con edificaciones sismorresistentes. Si los vallistos hubiesen tenido obras de infraestructura para contener y aprovechar las mayores precipitaciones, los reservorios habrían atenuado las secuelas dañinas de la ausencia de lluvias. Es decir, de la misma forma implementada con los diques sobre el río San Juan para atender las fluctuaciones de los caudales de temporada: reserva para el riego en épocas escasas, y generación cuando la altura de los embalses lo permiten.

Lo importante a tener en cuenta es que el cambio climático no admite paliativos y hay que prepararse para soportarlo con el menor costo en vidas y daños materiales posible. Viviendas seguras, con la erradicación definitiva del adobe, obras de defensa y drenaje y sistemas viales menos vulnerables, minimizarán los apremios por salvatajes en medio de la adversidad.

Es necesario prepararse para anomalías climáticas cada vez más destructivas. El Centro de Predicción Climática de EEUU ha lanzado un alerta por el regreso de fenómenos meteorológicos temidos, agravados por variantes en los patrones climáticos que los originan. Coincide con los pronósticos de otros centros internacionales de investigación y prevención ante la presencia del fenómeno de El Niño, originado en el aumento de las temperaturas de las aguas en el océano Pacífico con una incidencia que recorre el planeta. La última vez que lo hizo, en el verano boreal de 2009, provocó el descenso de las temperaturas del hemisferio Norte, pero el daño más grave lo hizo en 1998, dejando 2.000 muertos y miles de millones de dólares en pérdidas materiales, en zonas de Oceanía y Asia. La contrapartida, La Niña, impide precipitaciones, transformando regiones fértiles en desiertos.