Casi por colgar las zapatillas y luego de mucho soñarlo, se instaló en Buenos Aires buscando nuevos horizontes. Y con talento y tesón logró alcanzar su sueño. En 2003 Victoria Balanza debutó en San Juan como profesional, integrando el Ballet Argentino que creó y dirigió Julio Bocca (donde permaneció 9 años). Aquella vez el talentoso bailarín no vino, aunque sí lo hizo Eleonora Cassano, quien generosamente le entregó a Vicky su propio ramo de flores y avaló el cerrado aplauso que recibió al final del espectáculo. Cuatro años después regresó, y esta vez sí junto a Bocca. Fue en septiembre de 2007, nada menos que en la gira de despedida del gran bailarín argentino, donde además se lució como su compañera en la obra Cruz y Ficción. Casi siete años después, San Juan podrá volver a disfrutarla en escena, de la mano de Mozarteum. Será el próximo jueves, cuando Victoria -recientemente distinguida por la Casa de San Juan en el Senado de la Nación, por su trayectoria- volverá a bailar en su tierra, esta vez como parte del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que dirige el prestigioso Mauricio Wainrot, al que ingresó en 2010 y donde ascendió a primera categoría.

– Será la tercera vez en San Juan, con importantes compañías. ¿Qué sentís?

– Siempre es muy emocionante volver. Pienso que bailar en tu provincia para la gente que te vio crecer, para tu familia, tus amigos, maestros… Es de alguna manera agasajarlos y lo hago dando lo mejor de mí y haciendo lo que sé hacer, que es bailar. Me da mucha felicidad y un poco de nervios también. Creo que va a ser una noche mágica.

– ¿Cómo fue pasar del clásico al contemporáneo?

– El ballet del San Martín fue una compañía que admiré muchísimo. Siempre que podía la iba a ver, por su calidad técnica, por los grandes artistas, por sus obras. Por supuesto que lleva un tiempo adaptarse a otro lenguaje pero siempre estuve dispuesta a hacerlo porque me gustan los desafíos, estoy abierta a seguir aprendiendo. Respeto mucho mi profesión y trato de hacerla con el mayor compromiso, dedicación, esté donde esté y haga lo que haga.

– ¿Cómo es estar bajo las órdenes de Wainrot?

– Mauricio es muy exigente. Como coreógrafo viene con una idea muy formada. A la hora de crear te da algunas libertades, pero sabe lo que quiere. Sus obras tienen una exigencia técnica y física muy grande para las que tenés que estar bien entrenado; y tienen una música muy bella, así que una vez que podés superar la exigencia física, te podés dejar llevar por la emoción y por supuesto escuchar lo que pretende Mauricio de cada obra, o del rol que te toque interpretar.

– En poco tiempo lograste un ascenso importante dentro del San Martín…

– Se valora mucho el trabajo y el esfuerzo. Creo que eso es todo lo que tengo que decir de mi ascenso, tiene que ver con eso, el compromiso, la responsabilidad y la entrega. Yo agradezco mucho el lugar que tengo y las oportunidades que me dan…

– ¿Pensás quedarte allí o tenés otras metas?

– No creo que nada sea para siempre, sólo disfruto del presente, de lo que me toca vivir hoy en esta compañía. La vida da muchas vueltas y la verdad no sé qué pasará. Claro que siempre hay metas y sueños que cumplir, creo que el día que eso deja de pasarnos, la vida deja de tener sentido.

– ¿Qué balance hacés de tu carrera? ¿Qué valorás y de qué te arrepentís, si hubiera algo?

– Valoro todo lo que me pasó, de todo se aprende, aunque duela y cueste. Agradezco haber trabajado al lado de uno de los mejores bailarines del mundo, las oportunidades, la confianza, las experiencias vividas, los maestros, coreógrafos, directores, compañeros y grandes amigos que hice. Todo eso hizo que sea hoy lo que soy, como persona y como profesional. Y no me arrepiento de nada, gracias a Dios…

– ¿Qué te gustaría hacer que no hiciste? Dejá volar tu imaginación…

– Me gustaría bailar una obra de Jiri Kylian, cualquiera, con el ballet del San Martín, en Buenos Aires, en la sala Martín Coronado, el año que viene (risas). Esto sí es dejar volar la imaginación, sé que es casi imposible, pero es un lindo sueño, ojalá se concretara…

– ¿Tu realidad ha superado tus más remotas fantasías?

– Mi sueño era "entrar a una compañía profesional’. No me importaba cuál, ni el tiempo que iba a pertenecer, yo quería tener la experiencia…. Te imaginarás que todo lo que llegó después superó mi sueño ampliamente… Julio Bocca, viajar por el mundo, conocer artistas, maestros y coreógrafos increíbles, bailar en teatros maravillosos y hoy formar parte de una de las compañías más importantes de la Argentina, ¡qué más!

– Antes de bailar con Bocca en San Juan, dijiste "para mí todo esto es increíble’. ¿Sigue siendo así?

– Sigo viviendo mi carrera con mucha dedicación y entrega, y pretendo que siga siendo increíble más allá de las cosas que sucedan. Es una carrera muy corta y hay que vivirla intensamente. Cada vez que se levanta el telón y subís al escenario es un momento único. Cada función, aunque la obra sea la misma, nunca es igual. Por eso esto es tan mágico y no se puede comparar con nada, uno se desnuda en el escenario, entrega su alma al público… ¡Eso es increíble!

– Cuando mirás para atrás y ves a esa niñita que iba a tomar clases… ¿qué ves?

– Veo una nena con mucha ilusión y alguien que no se rindió ante la adversidad.