Las compañías aéreas de todo el mundo enfrentan una grave crisis consecuencia del colapso financiero y la pandemia de gripe, con gran incidencia en la cantidad de pasajeros. Las consecuencias han sido la reducción de vuelos, eliminación de servicios, y ampliación de los plazos de mantenimiento técnico de las aeronaves, sacrificando un estándar óptimo de seguridad.

El difícil momento que vive el transporte aéreo, fue claramente expuesto en la reciente Cumbre del Transporte Aéreo, en Kuala Lumpur. Según el informe, las empresas alcanzaron en 2008 pérdidas por u$s 5000 millones y prevén déficits mayores para este año. Sólo en el primer trimestre de 2009, las aerolíneas europeas acumularon pérdidas por u$s 1940 millones, en tanto el rojo de las norteamericanas fue de u$s 607 millones, lo que pronostica caídas muy significativas.

En este contexto, Aerolíneas Argentinas, estatizada hace un año, admitió que en el primer semestre del año perdió $ 160 millones mensuales, lo que promedia más de $ 5 millones diarios. Claro que la empresa de bandera nacional es un caso particular de gestión, porque además de ser una empresa deficitaria, su masa salarial casi se triplico desde diciembre último: rondaba los $ 40 millones y pasó a $ 103 millones en junio último.

La realidad del servicio aéreo en todo el mundo es sumamente crítica, pues los costos exceden el nivel de los ingresos. Pero si a esto se le suma una administración ineficiente, la cuestión se agrava aún más, a costa de enormes pérdidas financiadas con el dinero público, como es el caso de Aerolíneas Argentinas.