Las alteraciones meteorológicas asociadas al fenómeno cíclico de El Niño, se han acentuado con sequías o inundaciones sin precedentes en distintas partes del mundo, provocando daños estructurales y en particular reduciendo drásticamente el sistema productivo de insumos básicos y consecuentemente afectando cosechas por tercer año consecutivo, según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Estos extremos climáticos, bien conocidos por los sanjuaninos, obliga a afrontar las contingencias con obras y tecnología para el optimo aprovechamiento de los recursos naturales, en particular el agua por escasez o excesos, según sea el momento que se viva. Pero no todos los países pueden incorporar paliativos para superar temporadas en condiciones extremas y por eso en estos momentos 34 naciones, 27 de ellas africanas, dependen de la ayuda alimentaria externa.
Si bien la FAO y otras organizaciones internacionales están prestando ayuda humanitaria, dos problemas han complicado este panorama de por si preocupante. Por un lado, al necesitar ayuda externa, los precios de los alimentos se han disparado hasta niveles récord en varios países, principalmente en África meridional, pero también en América Central y el Caribe que soportan una sequía histórica. Por otra parte las repúblicas más vulnerables tienen graves conflictos internos debido a guerras civiles, o soportan el ingreso constante de refugiados que deben ser alimentados y contenidos.
Las crisis alimentarias, en algunos lugares con amenazas de hambrunas, son una realidad también globalizada, que por tanto requiere solución internacional.
