No arrastrar a otros pueblos a conflictos y guerras, condonar o gestionar de manera sostenible la deuda de los países más pobres, cuidar el medio ambiente y abolir la pena de muerte considerando la posibilidad de una amnistía general, son los ejes del mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2016.
El mensaje para la jornada que la Iglesia celebra cada 1 de enero desde 1968, tiene sustancia política fuerte y se enmarca en un contexto mundial al que Jorge Bergoglio define como ‘tercera guerra mundial por partes‘.
El Papa dirige su exhortación pacifista a los cristianos y hombres de buena voluntad, pero en particular a los gobiernos y a quienes ostentan el poder, porque considera que es el momento para terminar con la indiferencia y la ‘falsa neutralidad‘ ante la injusticia, la persecución, la guerra, el terrorismo y la miseria en el mundo.
Francisco denunció ayer que esta indiferencia respecto al otro, a su dignidad, a sus derecho y a su libertad, favorece y hasta justifica, muchas veces, actuaciones y políticas que terminan por constituirse en amenazas a la paz.
Dicha actitud de indiferencia puede llegar también a justificar algunas políticas económicas deplorables, divisiones y violencias, con vistas a conseguir el bienestar propio o el de la nación‘, aseveró. ‘En efecto, no pocas veces, los proyectos económicos y políticos de los hombres tienen como objetivo conquistar o mantener el poder y la riqueza, incluso a costa de pisotear los derechos y las exigencias fundamentales de los demás‘, sostuvo. En este sentido, el Papa advirtió que cuando a las poblaciones se les niegan sus derechos básicos y elementales, como el alimento, el agua, la asistencia sanitaria o el trabajo, se ‘sienten tentadas a tomárselos por la fuerza‘.
