Una detenida mirada sobre el siglo XX nos revela que San Juan fue, con creces, merecedora de aquella famosa frase "Capital del Carnaval”. Documentación de distinto tipo, desde la prensa de la época a escritos de Domingo F. Sarmiento, gran cultor de esta fiesta, trabajos de investigación de la Universidad Nacional de San Juan, evocaciones de SADE, de Juan Mariel Erostarbe, Hebe Almeida de Gargiulo, Guido Iribarren, Raúl de la Torre, María del Carmen Reverendo y la mismísima Guía de Turismo más antigua de la provincia, nos permiten reconstruir aquí una época que se fue, y cuya desaparición se atribuye, más que al terremoto de 1944 (resurgió luego el Carnaval), a los golpes de Estado que cada tanto asolaban la libertad de los sanjuaninos y, naturalmente de todos los argentinos.
Carruajes años ’50
Primero el pomo de plomo blando, la serpentina y el papel picado, los disfraces y, por supuesto, las comparsas. Si bien el recuerdo más sonado del Carnaval sanjuanino viene de 1930, hay señas imborrables de los años ’50 cuando la comparsa "El Clavelito” era la más vistosa, ya que poseía guitarras y quena. En 1954, unos treinta años antes de la tristísima guerra por las islas Malvinas, los sanjuaninos ya reivindicaban con fuerza y honor el derecho soberano sobre el archipiélago en el Atlántico Sur. Y esta convicción histórica también llegaba a expresarse a través de un carruaje como una manera de protesta para que nadie olvide. El carruaje o murga se llamaba "Las Malvinas son Argentinas”, y la tripulación estaba conformada por hombres vestidos de pingüinos, a los que se sumaban otros con vestuario típico de marinos, dejando claro el mensaje para quienes quisieran oír en la lejanía.
Entre los organizadores de carruseles y bailes que más destacaban se recuerda, por ejemplo, a los vecinos de los barrios Del Bono, Del Carril y Bardiani, el Club Social, Club Español, Club Sirio Libanés, Sociedad Obreros del Porvenir, Círculo Italiano. Pero también descollaban por su esfuerzo y creatividad los carruajes de los departamentos 25 de Mayo y San Martín, así como los corsos especiales que preparaban en Jáchal, Iglesia, Calingasta, Albardón, Caucete, entre otros.
Otro carruaje que quedó grabado en muchos sanjuaninos que hoy pasan los 70 años es el denominado "Los ferrocarriles son nuestros”, con motivo de la nacionalización de los ferrocarriles argentinos en la década del ’50, tiempos del gobierno de Perón. Se hacían las máquinas y los vagones con madera y cartón e incluso había ingenio para desprender humo en la parte delantera como las originales. Se las ingeniaban para preparar una batería especial que generaba luz.
Ricos, pobres, niños, grandes y Sarmiento
La Guía Turística de San Juan del año 1942, probablemente la más antigua que se haya realizado, comienza diciendo al referirse a las fiestas de Carnaval en nuestra provincia: "Difícilmente se realicen en otra parte de nuestro país fiestas de Carnaval tan interesantes como las de San Juan. Ricos y pobres, grandes y niños, participan con extraordinario entusiasmo en los festejos que congregan enormes multitudes en los corsos y desfiles, al extremo de que año a año se ha ido extendiendo el recorrido de calles para facilitar la ubicación del público y el libre tránsito de los vehículos”.
Era costumbre de que antes de iniciarse las celebraciones en la Capital, cada uno de los departamentos eligieran las reinas y sus cortes. "Lujosamente ataviadas las reinas y las niñas que forman la corte ocupaban hermosas carrozas que al pasar por las calles son entusiastamente recibidas con flores, serpentina y papel picado”, decía la crónica de la época. El gran desfile de apertura se realizaba en el Estadio del Parque de Mayo, con un amplio programa que incluía comparsas, grupos musicales, máscaras sueltas con fuegos de artificio al final. Para Raúl de la Torre, entre las comparsas más vistosas y originales estaban los de Villa del Carril, Villa Las Rosas de Chimbas.
Una de las anécdotas increíbles del multifacético Domingo F. Sarmiento, habla de su placer por el Carnaval en sus años del siglo XIX. Cuenta el ingeniero, escritor y periodista de origen francés Alfredo Ebelot, contratado durante la presidencia de Sarmiento para hacer estudios de la línea de frontera, que asistió a unos carnavales en 1869, aproximadamente, y se llevó la gran sorpresa de ver al mismísimo presidente Sarmiento empapado de agua, sentado en una carretela vieja, abrigado con un poncho de vicuña, pasando por el centro del corso porteño. Repartía y recibía chorros de agua, riendo a más no poder, como lo había aprendido de niño en San Juan.
La chaya, costumbre muy sanjuanina
En nuestra ciudad, durante el día, especialmente desde las once de la mañana y hasta la una y después de las cinco de la tarde, "niñas y jóvenes se entregan a la chaya con agua, ese atractivo tan nuestro que llamaba la atención de la notable afluencia de turistas que llegaban para esta época, sobre todo en las décadas del ’30 y del ’40. Se organizaban numerosos bailes de carnaval, corsos, kermeses, con chayas de día especialmente en las siestas, pero también de noche, por parte de instituciones. Entre las comparsas destacadas se mencionaban "La estrella oriental”, "La lira argentina”, "La filarmónica” y "La quena”. Un detalle curioso que habla de la sociedad de la época: en las gradas donde tenían lugar los festejos un cartel rezaba: "Pagando su palco, sirvientas y niños gratis”.
En la Rinconada, Pocito, los corsos, "que eran la atracción de mucha gente del lugar empezaban en la calle 15 y llegaban hasta la 16. Todas las noches había bailes”, se escribe en "Aportes desde la Historia a la Revalorización del Patrimonio Cultural Sanjuanino”. También en Periodismo y Sociedad Sanjuanina (1930-1944) EFU UNSJ, San Juan 2002, capítulo "Fiestas populares; carnavales y retretas”, se reconoce que en los primeros tiempos las fiestas se hicieron en casas de familias pero con el correr de los años fueron surgiendo lugares de recreación que comenzaron a albergar estos acontecimientos. En el caso de Pocito, el club Atenas, en Capital, Trinidad, en Jáchal, etc. en todos los casos con mascaritas, disfraces de todo tipo y a la hora de chayar utilizaban reservorios como tachos, tinas, carpas, etc.
San Juan, como Brasil
Se ha escrito que la fiesta del Carnaval en San Juan alcanzaba el nivel de esplendor y proyección nacional de tal magnitud que "San Juan era a la Argentina lo que Río o San Pablo al Brasil”, dice Mariela Escobar. Así, llega a tener una gran trascendencia fuera de nuestras fronteras. A tal punto que la empresa ferroviaria "De Buenos Aires al Pacífico” promocionaba con ofertas de viajes la visita a los carnavales sanjuaninos. Pasajes ida y vuelta con descuentos, incluyendo así la fiesta en el naciente calendario turístico provincial. De todas maneras, queda claro que sólo los corsos se hacían en las calles más céntricas, el resto, como la chaya, las kermeses, en zonas periféricas.
Una de las acciones curiosas que tenían los organizadores del Carnaval era una especie de obra de beneficencia. Consistía en entregar por la mañana sándwiches, masas y golosinas a los huérfanos del Patronato y a los ancianos y mendigos. Iban acompañados de la banda de Policía o de Caballería (hoy RIM 22).
¿Volverán aquellos carnavales?
Jorge Leonidas Escudero, nuestro poeta mayor, dice en su "Tras la llave” sobre el Carnaval del siglo pasado en San Juan que "La gente entra en esto porque ya está adentro,/ nadie quiere ponerse la careta de arrugas/pero terminan poniéndosela,/ Nadie acepta la torpeza de sus pies, pero todos salen a bailar (à) Todos a divertirse ensimismados en sus asuntos tristes,/ y quien no halla compañía/ baila en soledá porque no hay otra (à)”.
Mientras Raúl de la Torre se preguntó hace tiempo, como desolado, en sus habituales columnas de DIARIO DE CUYO qué habrá pasado, "para que se fuera desdibujando aquella fiesta que tanto nos distinguió en el país".
Fuentes: Guía de Turismo de San Juan, año 1940; Obras de Sarmiento, Tomo XXIV; "Periodismo, Sociedad Sanjuanina, 1930-1944", EFU, UNSJ; Aportes desde la Historia a la Revalorización del Patrimonio Cultural Sanjuanino, IHRA "H.D.Arias"; Juan Mariel E.; "Perfume de Eucaliptus", Raúl de la Torre; "Escritores sanjuaninos", Hebe A. de Garguiulo; "Recuerdos y relatos de la guerra de fronteras", Alfredo Ebelot.
