Nadie que no la conozca cree que tiene 71 años. Se mueve en su cubículo del Centro Cívico como si tuviera la mitad de esa edad y casi no toca su silla. Atiende llamados a teléfonos fijos y celulares, recibe órdenes, imparte otras, organiza, va, viene, asiste a reuniones, lleva estadísticas, investiga y responde alrededor de 15 entrevistas diarias a los medios de comunicación sanjuaninos, que siempre arrancan con la muletilla de "es sólo una preguntita". Frida Cappato, la médica pediatra que está al frente de Epidemiología de Salud Pública provincial, se convirtió en el último mes en la voz más consultada y la pieza clave en las estrategias y la información pública ante el avance de la gripe A.

Ella le resta importancia a ese rol, dice que es sólo una más, elogia a su equipo y resalta que lo importante es lo mucho que el virus le está enseñando a la comunidad científica, que la incluye. Y para sumar humildad, dice que ella misma tuvo que aprender para no abandonar muy poco después de asumir su cargo, en el que lleva menos de 4 meses.

"Cuando recién empecé y arrancó esta demanda tan importante, mi primera reacción fue enojarme. Mi cabeza no daba más. Arranqué con el dengue y seguí con este virus. Después aprendí que si yo no me enojaba, era menos el desgaste. En algún momento pensé «no sirvo para esto». Incluso cuando empezó la gripe porcina, y había que ir a Buenos Aires y volver permanentemente, yo estuve a punto de renunciar. Pero probé con no enojarme. Y así fue como seguí".

El ejercicio de autocontrol de Cappato es sencillo: intenta poner la mente en blanco unos minutos. Pero ahí nomás suena el teléfono. "Y es el ministro, o el secretario, o la prensa, o un médico, y hay que seguir trabajando", dice.

Enviudó hace casi 40 años y desde hace mucho vive sola. Tiene 3 hijos y 3 nietos ("mi cable a tierra"), pero muy poco tiempo para verlos. Dice que compró en febrero pasado algunas películas, entre ellas Slumdog Millonaire, y todavía no puede ver ninguna.

Además de funcionaria, es docente en tres cátedras de la carrera de Medicina de la UCCuyo, actividad que ahora está suspendida. "Mi día empieza siempre a las 5:45 y termina alrededor de las 23 -cuenta-. Yo me conformo con dormir 6 horas para tener un cerebro funcionante al otro día. He pasado muchas veces derecho, sin comer, porque no tengo tiempo, y pienso que ya llegarán tiempos mejores. Los sábados por la tarde voy al súper, compro cosas y meto todo al freezer. Los días que puedo comer, descongelo algo. Miro un rato tele, sobre todo los noticieros. Y a veces los domingos son para la familia, aunque sea el almuerzo".

Cappato está convencida de que "el estudio científico del paso del virus por esta epidemia nos va a dejar un aprendizaje extraordinario". Y, antes de volver a la vorágine, lanza una última confesión: "A mi edad, sé que debería ser una abuela tejiendo, con los nietos sentados al lado. Pero todo esto es una pasión para mí".