El acercamiento diplomático de los Estados Unidos y Cuba, iniciado con la intervención oficiosa del papa Francisco, ha superado las primeras declaraciones de borrón y cuenta después de medio siglo de desavenencias. La nueva instancia hacia la normalización de las relaciones bilaterales es un punto clave y causante del malestar de La Habana durante 33 años, como integrar la lista de países que apoyan al terrorismo.
Retirar al régimen castrista del listado de la insurgencia internacional era un gesto fundamental que se esperaba, previo al anuncio de la reapertura de las embajadas en Washington y La Habana, respectivamente, lo que se estima ocurrirá en los próximos días según los expertos en política internacional. Ingresar en la lista negra del terrorismo global fue un castigo diplomático del gobierno del ex presidente republicano Ronald Reagan, como represalia al apoyo cubano a grupos ilegales en América latina, en los años 70.
La revisión de la lista de naciones que apoyan al terrorismo donde estaba Cuba junto Sudán, Siria, Irán, Libia y otras abiertamente asociadas a la insurgencia mundial, es una medida tardía de la Casa Blanca frente a la evolución geopolítica desde el fin de la Guerra Fría y porque los objetivos revolucionarios cubanos de hace tres décadas ya no existen, por lo menos más allá de sus fronteras, pese al historial de represión a los disidentes internos.
Por eso las repercusiones tuvieron eco positivo en el resto del continente. No podía ser de otra manera ya que tener a Cuba dentro de los patrocinadores del terrorismo nunca hubiese logrado apaciguar las tensiones con EEUU, y sin duda va a favorecer el diálogo y el entendimiento buscado. Lógicamente también se alzaron voces en contrario de parte de los críticos de Obama, como el titular de la Cámara de Representantes, John Boehner, que tildó lo ocurrido como "la entrega de otra importante victoria al régimen de Castro a cambio de nada". Sin embargo ni él, ni los demás republicanos, intentaron frenar el deshielo en el Capitolio.
Lo importante es que superado el cepo de la lista, se abre ahora un abanico de posibilidades políticas, financieras y económicas para La Habana, no sólo de EEUU sino de los organismos multilaterales de crédito y para los inversores privados invitados por Raúl Castro a participar en esta apertura histórica.
