Con un saquito azul sobre los hombros ‘porque el sol está lindo, pero el aire está fresco‘, Vicenta Cortez permaneció sentada en el patio de su casa hasta que su nieta Gladys Atampiz la vino a buscar para ir a votar. Sobre la mesa, ya estaba todo listo para el festejo en el patio, encarpado y adornado con globos de colores, porque ayer era el cumpleaños 108 de Vicenta, pero igual quiso ir a votar. Por eso, muy dispuesta y del brazo de Gladys, dejó a los invitados esperando para empezar el almuerzo, mientras fue a la escuela ubicada a dos cuadras de su casa, en La Bebida, para hacer uso de su derecho al voto.
‘Para los Cantoni, para quién más va a ser‘, dijo sonriendo pícaramente cuando se le preguntó para quien iba a ser su voto.
Y después entró, segura y decidida, al cuarto oscuro. Cuando salió, aceptó posar para la foto como una experta, y hasta se esmeró en que el sobre entrara en la urna como corresponde, antes de recibir su documento de identidad. En el camino hacia la movilidad que la llevó de nuevo a su casa, recibió innumerables saludos desde las otras mesas donde se votaba, porque doña Vicenta es toda una personalidad en el barrio. Varias personas se acercaron a darle un beso y a todas retribuyó del mismo modo, mientras apuraba a su nieta porque, según dijo, ‘en la casa nos están esperando para empezar a comer‘.
Aunque hoy vive en La Bebida, en casa de su nieta, Vicenta Cortez pasó gran parte de su vida en Huaco, su pueblo natal, que está en el departamento de Jáchal. Allí se casó y formó su familia, bastante numerosa. ‘Mi abuela tuvo 6 hijos propios y 7 del corazón, porque así es ella‘, resumió Gladys. Hoy, esa generosidad se traduce en una mesa bien poblada de afectos, ya que Vicente tiene nada menos que 34 nietos, 16 bisnietos y 9 tataranietos.
Además, repartió su tiempo como cocinera de cuadrilla en la cosecha de la cebolla, donde también se hizo muy conocida.
‘Somos de familia longeva. El padre de mi abuela vivió hasta los 117 años y su mamá, hasta los 100. Parece que lo llevamos en la sangre‘, contó Gladys, mientras Vicenta recibía visitas, porque ningún vecino quiso dejar de ir a saludarla.
