El recreo largo del viernes pasado, en el patio de la Escuela de Comercio Libertador General San Martín, iba a ser algo especial: era el momento elegido, con el permiso de las autoridades, para la presentación de las camperas de cada división de 7mo año, el último de secundaria.
Pero el ritual, que se instaló en los colegios de la provincia desde hace algunos años, casi termina en tragedia, cuando saltaron chispas de una bengala encendida para atraer la atención de todos, que terminó quemando las camperas de algunos chicos y dañando peligrosamente el ojo de uno de ellos.
Y al mismo tiempo que el susto ganó a los más de 200 alumnos reunidos en el patio, el fantasma de otros accidentes con bengalas que terminaron de la peor manera, sobrevoló al ambiente: mientras el recuerdo de los 194 muertos de Cromañón sigue vigente, ayer se conoció la noticia de la muerte del joven herido por una bengala en un recital en La Plata (ver aparte).
‘Lo que queríamos era festejar. Una bengala es lo más común del mundo, en todas partes las prenden y nadie lo hace para lastimar‘, dijo LV, uno de los alumnos que estuvieron presentes el viernes pasado por la tarde.
“A nadie se le había ocurrido traer una bengala a la escuela. A veces tiran algún petardo en la vereda, cuando terminan las clases. No le hacemos mal a nadie, lo único que queremos es divertirnos. Y ahora seguro que nunca más vamos a ver ni una estrellita por acá”, bromeó FR, una de las chicas.
“Por suerte, el chico que tuvo el problema en los ojos ya está bien. Pero esto podría haber sido muy grave”, dijo la directora de la escuela, Alicia Zibarelli. Y aseguró que mientras analizan las sanciones que les corresponderán a los alumnos que llevaron las bengalas, no logran salir de la sorpresa que les causó la actitud de los chicos. “Pidieron permiso para hacer la presentación en el recreo largo y se les otorgó, pero terminamos llamando a los padres para que se enteraran de lo que había pasado”, relató la directora.
Entre los chicos, las opiniones están divididas. Por Facebook, algunos comentaron su decepción por la presentación que terminó tan mal, mientras otros hicieron bromas al respecto.
Ayer, antes de entrar a clases, un grupo de alumnos ensayaba explicaciones de lo que pasó. “La verdad que se zarparon mal -dijo FP- y el daño podría haber sido grande”. “No pensamos que una bengala podría ser tan peligrosa, a nadie se le ocurrió”, se disculpó CV.
“Pero no es para tanto, si al fin no pasó nada”, excusó otro alumno, CH. Y para encontrar un por qué al hecho de encender bengalas por cualquier cosa, coincidieron en algo: la idea, dijeron, es llamar la atención. Y en eso, una bengala es más que un redoblante.
