Hace algunos años leí la frase de un poeta que nunca pensé que me iba a tocar vivirlo de manera tan cercana: "Cuando el dolor nos visita hay que darle la palabra, porque el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”. Agradezco poder hacerlo hoy con esfuerzo, pero hacerlo al fin. Lo que nos sucedió no fue un terremoto, sino un accidente gravísimo donde una compañera de lucha cívica y de vida íntegra perdió la vida, y en el que los otros miembros del viaje fuimos golpeados duramente en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, porque no sólo nos toca sufrir corporalmente sino también movilizar el interior de cada uno, aprendiendo la fragilidad de la vida pero también la grandeza que ésta encierra. Lo sucedido se dio en medio de un trabajo que nos apasiona a todos los que íbamos dentro de ese helicóptero. No tenemos más que palabras de gratitud a aquellos que estuvieron pendientes de nuestro estado de salud, y lo siguen estando, ya que la del gobernador y de Héctor Pérez siguen en el centro de la preocupación de no pocos, pero con la fe de que se recuperarán plenamente. Así lo deseamos de corazón y quienes somos creyentes, se lo pedimos a Dios. La fe ha sido y sigue siendo un "plus”, sin el cual todo parece trágico y carente de sentido.

El cariño y la cercanía del pueblo sanjuanino nos alientan, estimulan y llevan a seguir pensando que puede siempre más la bondad que su contraria, y que son más los que tienden la mano abierta que quienes la cierran. Deseo dar gracias, en nombre propio y de mi familia a quienes nos socorrieron y prestaron sus servicios. En mi caso, al personal de la salud del Hospital de Valle Fértil, del Servicio de Urgencia del Hospital Rawson, y de la Clínica El Castaño, comprobando la calidad de excelencia médica, pero también de cordialidad humana. En todos estos centros de salud hemos comprobado que no sólo ponen la ciencia al servicio del paciente, sino corazón en las manos para hacer menos traumática la experiencia del dolor. Cuando alguien sufre no pide lástima sino cercanía silenciosa. Es que cuando alguien padece dolor no necesita palabras sino compañía. Ante ese hecho hay que erradicar la acepción de personas, las afirmaciones de ideologías o el credo que se profesa. La lástima humilla, la serena y prudente cercanía sana. El "gracias” pleno va también hacia la clase dirigencial, civil y política de nuestra provincia. Demostraron magnanimidad de corazón, lo cual refleja grandeza de sentimientos e ideales. No se quisieron lograr ventajas a costa de nuestro dolor, y se equivocan quienes piensan de manera mezquina que se puede llegar a usufructuar con la tragedia, el luto, la zozobra o las heridas. Somos testigos de que la felicidad reúne pero que el dolor une. Nos ha unido a la mayoría de los sanjuaninos, sin especulaciones ni cálculos de números o porcentajes. Hacer esto, sería desconocer la adultez de un pueblo maduro en libertad, sabiduría e historia. En democracia no se debe especular con la lástima, sino resaltar y alentar el ejercicio ciudadano de la libertad sin ambigüedades, no despreciando jamás la dignidad del pueblo. En el voto, como expresión política del ciudadano, expresamos un modo de pensar con los valores e ideas que lo definen. En este sentido el voto es un servicio que enriquece a la vida de la comunidad desde el aporte de cada ciudadano.

Reconocernos desde la unidad, es el fundamento de una amistad que nos permite enriquecernos con la diversidad de sus miembros. Ni hegemonía de la unidad, ni anarquía de la diversidad. Vencer la tentación amigo-enemigo, que nos puede dar una aparente seguridad pero que es signo de nuestra fragilidad, sigue siendo un desafío constante.

No puedo negar que mi vida, como la del gobernador y tantos otros, ha sido marcada por la política, imbuida por una pasión para seguir trabajando y haciendo que lo que se anhela para un mañana se pueda hacer realidad hoy. No hemos deseado hacer sólo reivindicaciones o resaltar hechos evidentes de progreso. Lo logrado ahí está. No es nuestro, sino de todos los sanjuaninos. La auténtica política busca incluir y no rechazar. Para reafirmar el orden temporal no hemos querido abdicar de la participación en el ámbito social para promover orgánica e institucionalmente el bien común. Como en toda actividad humana, la concreción de un proyecto político concluye en la elección de personas. No estamos en el mundo de lo mecánico sino de la mediación humana. La política, como parte de la ética, es la mediación entre la idea y la realidad, llevada a cabo por personas con sus límites y grandezas. Se votan ideas, pero sobre todo personas. La nobleza de la política, como expresión eminente de compromiso social, reclama tanto al político como también a toda la dirigencia, sentirnos servidores del bien común y testigos en el camino de solidaridad donde nadie nos resulte extraño.

Como humilde ciudadano, al decir nuevamente "gracias”, deseo que la jornada cívica del próximo domingo sirva para crecer en concordia y amistad social de todos, y sea expresión clara de sabiduría humana y madurez ciudadana.

(*) Diputado nacional por San Juan.