Tan inexplicable es el valor de sus tierras, como la decadencia de lo que a inicios del siglo XX fue un verdadero vergel en el norte sanjuanino. Tuvo prácticamente todo y hoy apenas quedan vestigios de aquella prospera colonia que hizo de Punta del Agua un sitio pujante. El boca a boca y el testimonio que todavía guardan algunos escritos jachalleros permitieron reconstruir una rica historia.

Los primeros pobladores se sabe que se asentaron en los albores del siglo pasado, agrupados en dos parajes: La Falda y Calle Primera. Los registros a los que pudo acceder DIARIO DE CUYO señalan que en un principio fueron unos 100 colonos los que arribaron y que parcelaron la zona más apta para la agricultura. Es más, entre los patriarcas de las familias que trascendieron al paso del tiempo y que aún se recuerdan, están los de Pantaleón Figueroa, Cristóbal Olivares, Domingo Mallea o Jorge Saez, entro otros.

El esplendor de Punta del Agua llegó allá por el la década del ‘20, de la mano de la ganadería que era alimentada por extensos alfalfares y plantaciones de trigo, que se nutrían en base a técnicas rudimentarias de irrigación y agua del río Huaco.
En el casco de la estancia se situaba el molino y fue tal el desarrollo que tomó el pueblo, que las entonces autoridades departamentales decidieron brindarle la infraestructura mínima. Allí fue cuando se levantó el edificio del correo, un puesto policial, una iglesia y por supuesto, una escuelita, la Nacional Nº 96 a la que concurrieron en su apogeo hasta 100 alumnos, hijos de los colonos y la que según pudo constatar este diario, se cerró entre los años ‘72 y ‘74, por la falta de alumnos.

No queda muy claro o al menos es poco lo que se sabe, en relación a la depresión económica que tuvo el pueblo hasta terminar en ruinas luego de la permanente emigración de sus habitantes. El mayor problema con el que se encontró la zona, es que su desarrollo se vio coartado por la lejanía y la falta de infraestructura vial como para sacar sin mayores contratiempos toda la producción a los puertos de Rosario y Buenos Aires.

No existe actualmente ningún poblado, pero sí reconocen en el municipio jachallero a ‘un hombre -desconocen el apellido- que insiste con una ayuda para una toma de agua’’ y que vive en un viejo rancho que levantó en el lugar.

Poco es lo que hoy queda en pie en la Estancia Punta del Agua como recuerdo de aquellas épocas doradas que tuvo el pueblo. Lo que resalta, casi como testigo silenciosa y con la inscripción en lo alto del ‘Ministerio de Educación de la Nación’, es el edificio abandonado de la escuela (ver foto), que permanece imperturbable al paso del tiempo como un retrato rasgado, que aún es custodiado por una centenaria tranquera que permanece cerrada cumpliendo fielmente su mandato.