Hay frases que, de tanto repetirse, terminan convirtiéndose en cómodos sellos para uso cotidiano. El 82 por ciento móvil es un ejemplo. Siempre a mano de los discursos, muchas veces termina en boca de quienes difícilmente tengan dimensión completa de semejante enunciación. El resultado es un alto impacto discursivo en lo inmediato y poca recriminación posterior: aunque los viejos salgan a protestar, raramente consiguen el eco social para condenar los actos facilistas o, peor aún, demagógicos.

No se trata aquí de juzgar los conocimientos jurídicos o fiscales de quienes hoy debaten en torno al 82 por ciento móvil, sino de medir cuidadosamente el efecto que esta discusión entre oficialismo y oposición genera en los jubilados.

Tuvieron que cambiar drásticamente sus hábitos cuando pasaron a retiro, no por propia voluntad sino por imperio del paso del tiempo. A las limitaciones físicas y el menosprecio de una sociedad aferrada a la adolescencia eterna, sumaron los cobros escuálidos de cada fin de mes.

Cada vez que alguien con cierta cuota de poder levanta la bandera de la movilidad jubilatoria, agita las expectativas de quienes poco pueden hacer por sus propios medios. Cabe la observación: no existe el paro ni el piquete de jubilados desde la época de Norma Pla, a excepción de alguna movilización no demasiado numerosa, que no conmueve el paso indolente de los activos, apurados por las obligaciones laborales o simplemente adormecidos frente a tanta protesta.

El debate por el 82 por ciento móvil -presentado como tal- no lo es tanto. Pero igual sigue utilizándose el sello porque está a la mano y rinde tanto para al oficialismo como para la oposición. El martes 29 de junio la Comisión de Trabajo y Previsión Social de Diputados, por mayoría, aprobó un dictamen que fija la jubilación mínima en el 82 por ciento del sueldo mínimo, vital y móvil. Esto significa pasar de 895 a 1.230 pesos mensuales. Además, atender las sentencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre las jubilaciones medias, con una recomposición -retroactiva y por única vez- del 88 por ciento. Y mejorar la ecuación de movilidad jubilatoria que arroja un mísero ajuste cada marzo y septiembre desde hace un par de años.

Este paquete -noble por su intención- está rotulado bajo el cómodo y versátil 82 por ciento móvil. Aunque no sea cierto. Aunque sea gato por liebre. La confusión le sirve a la oposición para defender la propuesta ante la opinión pública. Ganar adhesiones. Y también le sirve al oficialismo para atacar la iniciativa, por involucrar una erogación aparentemente imposible.