El mandato de Diego Maradona como técnico de la selección es igual que su vida en épocas de cólera: frenética. Del cielo al infierno y viceversa, en sólo tres meses. Del debut oficial en Eliminatorias (antes había ganado dos amistosos como visitante con Escocia y Francia) contra Venezuela con sinfonía y goleada incluída, a lo de ayer, nuevamente con la sombra de la altura sobre la espalda del Pelusa. Pasando por el cruel e imborrable 1-6 de La Paz, ante Bolivia. Sí, la misma selección que la fecha pasada cayó 1-0 en el Hernando Siles contra Venezuela. Datos suficientes como para dividir una vez más las aguas del debate futbolero nacional. Para que los antimaradona tengan sus argumentos para criticar y los adoradores del Diez deban ´guardarse´ esperando la dulce revancha que ya tiene fecha e incluso se la puso el mismo Diego: en setiembre ante Brasil.

Con la llegada de Maradona al banco albiceleste, la selección se reformuló. Recuperó la expectativa de la gente por verla jugar y así Julio Grondona tuvo un guiño a la economía de la AFA. Todo iba bien, hasta que La Paz dejó justamente de ser tal. La peor derrota en la historia de la selección por Eliminatorias abrió interrogantes. El primero, acaso el más importante, marca que el aura de Maradona todavía no basta para hacer jugar a Messi como en el Barcelona, donde incluso hace goles de cabeza para definir la Copa de Campeones de Europa.

Otro indica que Diego no encuentra un sistema definido y, de acuerdo al rival, cambia una y otra vez, pese a que ayer esa variante le sirvió para jugar un partido inteligente ante Ecuador. La lección de Bolivia, en ese sentido, parece haberla aprendido.

Como nunca antes desde que en la previa de Francia ´98 se impuso este sistema de Eliminatorias la selección está complicada de cara a sacar el boleto. Con Passarella se clasificó dos fechas antes del final, un juego más se tardó con Pekerman y con Bielsa, a esta altura, ya estaba adentro de Japón-Corea 2002. El fracaso posterior en Asia sería un poroto al lado de quedarse en el camino del primer mundial en Africa. Algo que nadie imaginó hace sólo tres meses.