Un largo callejón de tierra recibe a los visitantes a la feria con cientos de delicias y artesanías, muchas locales, pero también de otras provincias: duraznos de Chilecito, La Rioja; vino patero Difunta Correa de Mendoza; botas de potro, dulce de cidra o dulce de leche de cabra del Valle Fértil, o los lácteos de La Rinconada. No faltan los tejidos artesanales de las iglesianas, jachalleras y vallistas; los mates rivadavienses, las mermeladas sarmientinas o el amaranto de Salta. También hay pasteles del Médano de Oro, tortitas jachalleras y panes veinticinqueños, pasando por tomates y lechugas chimberos, plantas de rosales y hasta charqui de cordero de las Sierras de Chávez. Más adelante, en el medio del predio, una enorme carpa aloja todo tipo de productos comerciales y artesanales. “Somos una cooperativa de construcción, hacemos premoldeados y pisos calcáreos (foto) explicaban en uno de los variados stands”.
