El gasoil es referencia de la evolución económica en el país y no sólo por representar las dos terceras partes del mercado de combustibles. La demanda indica la situación de los sectores productivos, en particular porque refleja el comportamiento de la actividad rural y de la agroindustria, generadores de divisas.

Se preveía para este año una reactivación del agro, tras la prolongada sequía de 2012, y mayor actividad industrial. Sin embargo, la venta de gasoil se mantuvo invariable en el primer trimestre: un 0,3% de demanda sobre el mismo período de 2012, de acuerdo la Secretaría de Energía. Se suma a ello la caída del 40% de la producción de biodiesel en el período enero-marzo, con respecto a 2012. El producto que complementa al gasoil dejó de aportar unas 500.000 toneladas en el último trimestre, lo que viene a confirmar la desaceleración de la economía, aunque hay esperanzas de que las cifras mejoren cuando al conocerse los valores de abril con la cosecha de soja.

Pero no sólo son contingencias naturales las que plantean la parálisis sino influyen las políticas económicas y, en particular, las medidas que limitaron el negocio de los biocombustibles, un sector que fue promovido por las actuales autoridades nacionales con beneficios que incentivaron millonarias inversiones. Pero hubo cambios drásticos, como la suba de las retenciones a las exportaciones en 10 puntos y el precio regulado en el mercado interno descendió 15%. La medida fue inmediatamente corregida para mitigar su impacto, pero la suba de retenciones en 5 puntos y el precio dividido en tres segmentos, según la escala de producción de la empresa, hicieron desaparecer a varias pymes.