No hubo desahogo. Tampoco punto final a ese karma que ya suma 22 años sin títulos en la mayor. Messi no levantó ninguna Copa y sí, nuevamente, se observaron las lágrimas de Lavezzi. Una historia tan conocida como dolorosa para los argentinos. No es un dato menor: en menos de un año este grupo, que en el torneo en Chile tuvo la inclusión de Tevez respecto del Mundial, perdió dos finales. Otro punto no pequeño es que con los delanteros que rompen redes en las mejores ligas del planeta, en el 2014 ante Alemania y ayer contra los trasandinos no se pudo marcar un gol en 240 minutos. Como mínimo, alarmante. Pero habla y marca una realidad: la chatura y falta de convicción de este plantel en los partidos decisivos. En esos juegos donde los antecedentes quedan de lado. Donde la mente es lo principal. Sólo existe una excepción que salta a la vista en un primer repaso: Mascherano. Ese capitán sin cinta que es el alma de esta Albiceleste. Claro, con este nuevo golpazo, quedó claro que sólo con sus ganas y esfuerzo no alcanza para dar una vuelta olímpica. Argentina tiene las mejores individualidades del planeta, pero no un equipo confiable en finales. Ese carácter y convicción que le faltan a estos players no se las pudo brindar aún el técnico Martino. Pese a su retórica sobre que lo más importante es el juego, el Tata estuvo más preocupado en los árbitros que en darle variantes a su formación. La materia cambios, da la impresión que como mínimo se la llevó previa. El "estilo" ambicioso que busca imprimirle a esta selección no apareció en la final en Santiago. Muy por el contrario, Chile fue quien dominó el trámite del juego. Claramente, fue Sampaoli el vencedor en el duelo de entrenadores "bielsistas". En la elección de jugadores falló. Daba urticaria observar a Tevez en el banco y mirar cómo Higuain, otra vez, marraba un gol que valía un título, como en el Mundial de Brasil. Observar cómo Lavezzi ingresaba por Di María (que otra vez no logró disputar por completo una definición) y se "acalambraba" apenas a los 40′ de esfuerzo. Martino tendrá que arremangarse y, como hizo Sabella, pensar que no se le va a caer ningún anillo si se da cuenta cuál es el camino ideal para conseguir los objetivos.
Los grandes equipos tienen jugadores de mucha personalidad. El Barcelona multicampeón cuenta con futbolistas de técnica exquisita como Iniesta, pero a eso se le agrega un temperamento supremo para ganar las finales. No cualquiera consigue esto. A esta Argentina le falta eso: un plus. ¿Se podrá conseguir? El tiempo dirá. Fue ese "extra" que hace una semana tuvieron los hockistas argentinos para darle el quinto título ecuménico a nuestro país. Y en el caso de ellos con todas las carencias de infraestructura posible y jugando casi exclusivamente por "el amor a la camiseta". Esa pasión que parece faltarle tanto a este grupo.
Párrafo aparte para Messi, metido sin dudas ya a sus 28 años en el podio de los futbolistas más destacados de la historia. Aunque con la Albiceleste en el pecho su rendimiento baja. Se lo ve apagado en juegos clave y sólo hace la diferencia cuando está mano a mano ante un adversario. Hay una estadística que refleja este análisis: sumando Copa América y Mundiales el rosarino disputó 30 encuentros y anotó apenas 8 tantos. Demasiado poco para alguien de otra galaxia, quien en el Barcelona es la estrella rutilante, pero está rodeado de grandísimos futbolistas. Messi no es Maradona. Para algunos puede ser mejor, para otros peor. Son diferentes. No tiene ningún sentido seguir con esta comparación. Lo cierto es que la Pulga nunca podría llevar a un equipo tan pobre como el Nápoli a ganar títulos inéditos en su anémica historia. Por edad, a Lionel le quedan un par de Copa Américas y, seguro, el próximo Mundial. Son tres chances más. El tiempo pasa y sus frustraciones con Argentina siguen acumulándose. Aquella frase en la previa de que "esta generación se merece ganar algo", queda en eso. En una frase. Son tan sólo palabras. Hay que hablar en la cancha y en partidos definitorios, como hace un año en Rio de Janeiro y ayer en Santiago. En el 2016 con la Copa América Centenario hay una opción y en tres años, en Rusia, lo más importante para reivindicarse de una vez por todas. Que así sea…
