Los miembros de la seguridad del cementerio y los que había dispuesto el partido radical pujaban con los militantes, ex funcionarios y periodistas que deseaban presenciar el acto con los discursos de despedida y las exequias.
La pugna entre los que querían entrar y los que resistían era tan grande, que, por un momento, el ataúd cubierto con la bandera argentina, transportada por un grupo de Granaderos, quedó atascado en el portón principal del cementerio.
Todo aquellos que llegaron hasta la puerta del cementerio consideraban que tenían derecho a ingresar hasta la cripta de la Revolución del Parque.
En un momento, Ricardo Alfonsín se hizo escuchar ante la multitud para pedir que dejaran de presionar sobre el portón y permitir que ingresara el féretro con los restos de su padre.
Cuando Ricardo Alfonsín habló, el ataúd ya había ingresado, pero varios familiares, en especial, los nietos, habían quedado aprisionados por varias decenas de personas que deseaban entrar a despedir al líder radical.
Fue el instante de mayor desborde en la ceremonia de inhumación de Raúl Alfonsín. Unos minutos más tarde, habló el ex ministro del Interior, Enrique "Coti" Nosiglia para pedir más o menos lo mismo que Ricardo Alfonsín.
Como la presión no cedía sobre la puerta, fue Leopoldo Moreau el que tomó el micrófono y explicitó que había varios familiares de Alfonsín que no habían podido ingresar al ejido de la Recoleta.
La frase más aplaudida fue una de Meijide: Dijo que primero se había enojado con Alfonsín por la leyes del perdón, pero que con los años, habia comprendido las razones del ex presidente.
